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ALMAS AFINES

 

"En el Amor todas las cumbres son borrascosas" ( Marques de Sade)

La casualidad había hecho que dos almas afines se juntasen. Alfredo un hombre joven, alto, moreno, viajante y representante de ropa interior femenina .

Cada dos meses y desde hace muchos años, cuando recorría la zona hacia coincidir todo para comer en el mismo restaurante.

Alicia era una de las chicas que servían comidas en el local, la misma
casualidad que había hecho que Alfredo entrase allí la primera vez, había hecho también que nunca a ella le tocase servir su mesa.

Las miradas que se cruzaban a destiempo en la distancia del salón, producían diferentes sensaciones. En ella un ligero rubor de vergüenza , en él una sonrisa cínica de placer. Desde la primera vez que sus miradas se habían acariciado, cada uno había disfrutado de sus sueños con la misma intensidad.

Cuando Alfredo entró ese día a comer, su mirada buscó la imagen jovial de la mujer, la impoluta camisa blanca de otras veces, mostraba una mancha amplia de color rojo sobre su pecho izquierdo, una referencia obligada para la vista de cualquier comensal.

Alicia se acercó a la mesa de forma mecánica sin mirar quien era el morador de ella. Comenzó a recitar el menú con su voz cantarina hasta que se fijó quien era el que en ese momento miraba la mancha roja, poco a poco la voz se extinguía, la tez se sonrojaba intentando recomponer una sonrisa.

Servía la sopa atenazada por el peso de una mirada que no perdía ningún detalle.

De alguna forma los sueños que había tenido los revivía en ese momento, bajo esa mirada, la sensación de pertenencia que le acompañaba en sus solitarias noches ahora la sentía.

Procuraba hacer todo a la perfección para no equivocarse en nada, demostrar su habilidad y el dominio de la situación. La sopa se derramó sobre el mantel, la sonrisa segura y cínica brillaba en los labios que no quería mirar pero veía. Se derrumbaba por momentos tras esa fachada de seguridad. La casualidad quiso que ese gesto torpe los uniese y tras ese día comenzase una relación querida desde tiempo atrás por ambos.

En esa primera cita no ocurrió nada, solo hablaron de gustos y preferencias. Fueron desnudando sus almas, asentando las bases para un futuro que los dos buscaban.

Solo sería una relación puramente física, Alicia exigió, respeto y mano dura,
Alfredo solo su entrega total.

Comenzaron a recorrer juntos el camino, Obediencia, Sumisión, Placer y Dolor.

El primer día se estableció el ritual, en la frialdad de una habitación de hotel.

Descubrió el tacto áspero de la cuerda, sintió la suavidad amenazadora del
látex, convivió con la rigidez del cuero, con la elasticidad del bambú. Las órdenes implacables perforaron sus oídos, amueblaron su mente. Alicia se entregaba más y más cada día, Alfredo exigió mas.

Llegaron las brillantes agujas, se derritieron las velas, pensaron en marcas. Los días brillaban . En Alfredo comenzó a nacer una llama mas allá de lo
experimentado hasta ahora. La notaba mas suya, disfrutaron de la sensualidad, de la complicidad, de los momentos de entrega y dolor.

La mano dura se torno blanda, la rigidez dio paso al cariño, las palabras soeces a arrullos de amor. En una sesión de bastinado, los golpes se tornaron cosquillas.

Se rompió la complicidad, desapareció el respeto y la misma casualidad que los unió, hizo que brotase el amor. Y tras el amor, la rutina, la dejadez, la ruptura. Y de nuevo las dos almas volaron en solitario.