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Retazos de una vida Teresa
Teresa es una mujer de mediana edad felizmente descasada, desconocida hasta ahora, una superviviente mas de esta vasta ciudad. Criada en el seno de una familia de rancio abolengo venida a menos, pero todavía con el suficiente dinero para considerarse una familia bien. Desde su mas tierna infancia había abandonado la calidez y seguridad de la protección materna en aras de una educación como solía decir su padre "como Dios manda" Primero en el colegio de monjas que estaba al final de la calle. Llegaba por la mañana temprano y no salía hasta que era hora de acostarse que volvía a casa, los juegos con sus hermanos habían sido prácticamente inexistentes, los Domingos era el único día que estaba en casa, la vestían de forma inmaculada, el temor y la rigidez del ambiente impedían cualquier movimiento fuera de lugar de la niña, después de misa visitaban a los abuelos donde comían, era el momento de la semana donde percibía la cercanía y le cariño de algún familiar,. Se le permitía alguna licencia por caprichos del patriarca de la familia que su padre aceptaba a regañadientes, pese a la fragilidad del anciano no se atrevía a contrariarle. Recordaría durante mucho tiempo, el cremoso y humeante chocolate de media tarde con los torreznos de pan frito. Cuando ya empezaba a despuntar como mujer la internaron en un colegio también de monjas, y en la soledad descubrió los cambios de su cuerpo, tampoco olvidaría en mucho tiempo la vergüenza y humillación que paso la primera vez que tuvo la regla y la vergüenza de tener que contárselo a una monja en vez de a su madre. Pasado ese primer bochorno, poco a poco iba descubriendo su cuerpo que cambiaba, al tocarse determinados puntos, un cosquilleo le bajaba del vientre a la entrepierna. Y las sensaciones extrañas que sentía por la severidad y autoridad que las monjas imponían. Mas de una vez había transgredido las normas, para recibir el castigo, a veces doloroso pero siempre deseado, no podía explicar el bienestar que sentía después de un castigo. El andar ceremonioso hasta el reclinatorio, orgullosa con la mirada altiva, deslizar sus bragas blancas inmaculadas hasta las rodillas, levantar la falda de su uniforme a cuadros rojos y mostrar las nalgas al inclinarse, aguantar los golpes de la vara hasta hacerla llorar, hasta quebrar su voluntad y su orgullo. Este era el castigo que mas le gustaba, este y cuando la tenían horas arrodillada frente a la pared con las manos en la nuca, sola, el miedo y el dolor de sus rodillas y brazos le causaban tanto bienestar, podía notar como las bragas se humedecían sin saber bien por que. Los meses de verano, en vacaciones, los pasaba como ella se gustaba decir en las Irlandas. Bastión del catolicismo como decía su padre. Los dos últimos años, fueron en un internado de Suiza, allí conoció a Ro, una persona muy importante en su vida. Según su padre ya estaba preparada para casarse y ser una perfecta esposa. Los primeros enfrentamientos llegaron cuando Teresa decidió ir a la universidad y posponer la tarea de buscar marido y casarse. Ella quería ir a estudiar a Boston, su padre por ahí no pasaba había accedido a que estudiase pero no en un país de ruidosos melenudos, que comían basura, donde la libertad rayaba el libertinaje y los valores morales estaban por los suelos. Si quería estudiar lo haría en España y en una universidad " Como Dios manda " por supuesto de corte católico, en una pequeña ciudad del norte. Encontró a un joven Cayetano, un poco paradillo, de buena familia, también religiosa y de profundas raíces morales. Seguro que su padre le daba el aprobado, y se hicieron novios formales. Las relaciones entre ellos eran fluidas, no tanto las sexuales, que se limitaban a cogerse de la mano y besarse en la mejilla. Tras acabar los estudios llego el momento de la boda. En los Geronimos como lo había hecho toda su familia. La primera noche, pensando ella en ver fuegos artificiales y oír resonar todas las campanas de la villa, fue un desastre, vestida con el camisón que su madre había preparado en su ajuar. Había dudado en ponerse el picardías que le habían regalado sus amigas y lo había rechazado por ser demasiado promiscuo, atrevido. Noto encima el peso de su marido , unos empujones y el apartarse de ella. No había habido caricias, ni cariño, ni tan siquiera la fuerza que tanto ansiaba, solo quedo un espumarajo pegajoso y viscoso entre sus piernas, y la duda de si seguía siendo virgen o no. Culpo a la tensión y el alcohol, el fraude de esa primera noche. Tras esa vinieron muchas, sino iguales, si muy parecidas. Mientras se levantaba de la cama a limpiarse, penso que solo la había besado una vez en los labios, y había sido ese mismo día, en el altar, con el deseo de complacer a su padre no se había percatado de la falta de su propio placer . Comenzó a soñar, eso nadie podía quitárselo, los sueños cada vez eran mas intensos, casi reales. Llego al punto que al despertar sus ropas intimas y las sabanas estaban completamente empapadas. Con el paso de unos años llego lo inevitable, la separación. No sentía rencor de su marido, bueno, de su ex, en el fondo le agradecía el haberla liberado del férreo control familiar, y el gran numero de personas que le presento, entre ellos el de su actual jefe. Para terminar las cosas rápidas y no estallara el escándalo, su ex le dejo la casa de la sierra, el piso donde vivían, los coches y una buena cantidad de dinero, que le permitía mantener un elevado nivel de vida y permitirse ciertos lujos y caprichos.
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