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Retazos de una vida
El restaurante - Mª Eugenia. - Si........ Hola Teresa, como te va? - Soportando los calores del verano, te llamaba para ver si quieres venir a comer, se de un restaurante, un asador donde se juntan famosos y futbolistas. - Me encantara, pero mesa? - No te preocupes por eso, el encargado era uno de los novios de mi ex. Las dos se rieron al unísono. - De acuerdo, a que hora quedamos? - Paso a recogerte a las 2 . - Vale, hasta luego, mua, mua, mua - Hasta luego. - Una sonrisa se dibujo en los labios de teresa. Sigue igual de pizpireta. - Hola Carlos, soy Teresa. - Hola cielo, cuanto tiempo sin saber de ti. - Quiero una mesa para dos para comer hoy. - Imposible, imposible, imposible. - Vamos Carlos que nos conocemos. - Tengo todo ocupado. - No vas hacer una excepción con la ex de tu........... - No sigas mala pécora, que se donde quieres ir a parar. - Sabia que lo podías hacer, gracias, eres un cielo. - Adiós pendón El comedor no estaba muy concurrido cuando las dos mujeres entraron, tomaron un aperitivo antes de hojear la carta. - Mira que culo tiene el que entra, Teresa. - No es......? - Si , si es....... - Mira el de la otra mesa, como esta¡¡¡ - No se donde se meten estos cuando yo salgo de ligue. - Anda que no estarán solicitados. Teresa comenzó a fijarse en un hombre maduro que entraba del brazo de un despampanante rubia. El corazón se le disparo de impaciencia, rezaba, hacia fuerzas mentales para que se sentase frente a ella. Era su día de suerte, de las tres mesas libres, le dieron la que ella pensaba, y se sentó frente a ella, el bastón metálico brillo ante sus ojos, ya estaba segura que era el. En los últimos días lo había visto de continuo, no sabia si había aparecido de repente en su vida o siempre había estado ahí y era ella la que no se había percatado. Al principio dirigía miradas furtivas, evitando cruzarse con sus ojos. La conversación con Eugenia había perdido todo su interés, la otra hablaba sin cesar, - Vaya modelito que llevaba, que vergüenza para su clase- las miradas se hacían mas continuas, casi sin disimulo.- Mira que casarse en Agosto, cuando no hay nadie, solo se le puede ocurrir a ella - Un hormigueo devoraba su vientre, veía como sobaba a la rubia sin ningún pudor, sintió celos, no sabia por que , pero estaba celosa. A mitad de la comida fue al cuarto de baño, a la salida, en un pasillo discreto de miradas, se encontró de frente con el hombre, no se dio cuenta que era el hasta que no lo tuvo encima. Se puso frente a ella cerrándole el paso. Su sonrisa sarcástica le produjo un cierto miedo. - Perdón- Dijo Teresa. - Por que me miras tanto. - Yo..., no........- Balbuceaba sin saber que contestar - Yo si se lo quieren las zorras como tu. Teresa intento zafarse de la presencia del hombre, las piernas le temblaban, el miedo se había apoderado de ella. Le agarro fuerte del brazo y dirigió su mano directa al paquete. - Esto es lo que quieres verdad? Un macho que te folle hasta hacerte gritar. La vergüenza, el rubor crecía por momentos. También su coño había empezado a sentir, era incapaz de gritar, de pedir ayuda, y pese a su voluntad asentía, con la mirada al suelo. - Hoy ya ves que no te puedo atender, ya tengo con quien pasar la noche. Y ella es mucho mejor que tu. La rabia que sentía en ese momento era indescriptible, sabia de sobra que se le pasaría enseguida proporcionándole placer. La humillación que podía sentir tocaba fondo, no creía poder aguantar mas, e intento volver a zafarse de la mano, se dio cuenta entonces, que tenia la suya en el paquete, y este era considerable. - Mañana te dejare que me invites a comer aquí, te esperare a las tres. Vístete como la puta que eres. Se marcho con el estruendo de una fuerte carcajada, llego a la mesa como un zombi. - Vamos, que has hecho en el cuarto de baño? te has encontrado con uno de estos futbolistas? - No digas tonterías, estaba ocupado y he tenido que esperar. Capeo como pudo los comentarios para no parecer ida, mientras se sumía en sus pensamientos. La primera vez que paso verdadera vergüenza fue cuando tendría 15 años, su padre la mando llamar al despacho, tenia una costumbre especial cuando tenia que felicitar o alhagar a alguno de sus hermanos o a ella lo hacia en publico en medio de todos, cuando tenia que castigar o reprenderlos lo hacia en su despacho, protegido detrás de su mesa. El despacho permanecía siempre en penumbra, las contra ventanas de celosía estaban cerradas y del exterior se filtraba muy poca luz. frente a la puerta toda la pared era una librería, repleta de viejos volúmenes, en medio había un hogar que hace muchisimo tiempo que había dejado de encenderse. Sobre el había un retrato del abuelo, el padre de su padre, vigilando todo desde la altura con una mirada severa, colgados de un lateral se encontraban una colección de fustas, según le decía de la época que montaba a caballo, pero el abuelo le había dicho que nunca había montado, entre ellas había una que le llamaba la atención y cuando se colaba en el despacho le gustaba tocar, era mas gruesa que las demás y estaba trenzada, a una pregunta suya, le había contestado que era verga de toro, entonces no sabia que era, pero seguía gustándole acariciarla, tan suave, tan brillante, tan.... ahora sonreía recordando, verga de toro. Todo era simétrico a excepción de la mesa, que estaba en oblicuo sobre un rincón, tras el sillón una lampara que iluminaba la mesa y difuminaba un poco de luz sobre la estancia. Cuando entre mis notas estaban en sus manos, las miraba sin decir nada. Vi la silla en el centro de la sala, y supe lo que me esperaba. No dijo nada, se levanto con parsimonia, como si todo un estadio estuviera mirando, se sentó y yo fui hacia el, me tumbe boca abajo y como otras veces levanto mi falda y bajo mis bragas de ganchillo blancas, tenia cierto rubor, ya no era una niña, me consideraba una mujercita. - Ves lo que me obligas hacer- Y soltaba un azote, yo me había propuesto ese día aguantar sin llorar y sin pedir clemencia, mi orgullo se asentaba. - Yo no quiero hacerlo, pero no me dejas otra opción- Proseguía, sentía como mi culo se ponía rojo como se calentaba y como me quemaba, notaba un cosquilleo entre las piernas que no sabia muy bien que era, pese al dolor la sensación era agradable. Termino subió mis bragas bajo la falda y me incorpore, el roce de la tela en mis nalgas aumentaba el cosquilleo. Al girarme vi que había alguien mas en la sala, era un socio de papa no había dicho nada durante todo el correctivo. - Así hay que enseñarle, que no puede perder el tiempo en los estudios. Decía papa. Sentí rabia y vergüenza y corrí a mi cuarto mientras seguían hablando, me tumbe sobre mi cama y quise llorar, mis manos se acomodaron solas entre mis piernas, un leve frotamiento y las ganas de llorar desaparecieron, la desesperación y la rabia dieron paso al bienestar, entonces no supe que había ocurrido, empece a soñar con el amigo de mi padre que me secuestraba y me castigaba por ser mala..... La comida termino y puse excusas tontas para no tomar una copa no se donde, al levantarme no pude evitar mirar a la mesa de al lado, me lanzo un beso y esa sonrisa sarcástica que me daba miedo y me excitaba.
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