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Retazos de una vida

La cita

Me desperté con desasosiego, mi sueño había sido velado muchas veces durante la noche. Ya había decidido que no iría a esa cita, me parecía degradante en exceso, no podía permitir tal humillación, por lo menos no tan pronto. Una leve incertidumbre me recorría. La ropa que vestiría esa mañana, fue saliendo de los cajones y del armario de una manera mecánica, no conseguía centrarme. Cuando ya tenia puesta la ropa interior mi imagen se reflejo en el espejo del vestidor. Llevaba un conjunto de tanga y sujetador negro casi transparente permitía ver todos mis atributos sin ningún esfuerzo, un liguero del mismo conjunto oprimía mi cintura resaltando de forma ostentosa mis nalgas, admire mis piernas cubiertas por la suave caricia de la seda negra rematada en encaje, una porción de muslo quedaba desnudo resaltado entre las telas. Un traje chaqueta, gris marengo con unas finas líneas azules oscuras fueron cubriendo mi desnudez resaltada, la falda bastante corta, con una abertura en el muslo derecho que permitía ver los encajes de la media, dude entre ponerme blusa o no, determine mas sexy el no llevar, la abertura de la chaqueta cruzada permitía mostrar la turgencia de los pechos con determinados movimientos. Opte por el transporte publico, dentro del autobús empece a pensar la forma en que me había vestido, desechando cualquier coincidencia con la cita que no iría. Me plantee alguna duda, por que el transporte publico en vez de mi cómodo coche? No necesitaba la dosis de excitación, estaba segura que no iría a la cita. Por que me había vestido así en vez de mas discreta? Durante toda la mañana fue imposible concentrarme, el vuelo de una mosca, el ruido del aire acondicionado, todo hacia que me distrajera de mis obligaciones. Una imagen borrosa se aparecía delante de mi, parecía ver su cara al cruzarme con cualquier hombre de la oficina. No iré, además no me da miedo, no sabe quien soy ni donde vivo, ni donde trabajo, y me parecia ver su sonrisa sarcástica.

A las 2 me sorprendí a mi misma montándome en un taxi y dando la dirección del restaurante. Bueno iré, pero solo comeré, empezare a conocerlo y mas adelante tal vez tengamos una cita.

- Pensaba que no vendrías - Me dijo sonriendo. Iba perfectamente vestido traje oscuro de diseño, camisa también oscura y corbata color gránate metálico.

- Ya veo que te has vestido para mi, estoy seguro que toda la mañana la has pasado pensando en mi.

Me senté ruborizada con la cabeza baja, incapaz de responder nada. Me limitaba a estar y asentir con la cabeza, me daba miedo mirar sus ojos, pero no podía moverme, no quería moverme. La sensación de impotencia me avasallaba, me gustaba demasiado como para intentar algo que lo desbaratara.

Terminamos de comer y pague la comida, este acto tan insignificante me hizo sentir la puta que mima a su chulo, en lo mas recóndito de mi cabeza me gusto y quise creer que era verdad.

Salimos, su coche nos esperaba, ya no quería atrasar la cita, me había entregado por completo, y mi vida la había puesto en sus manos, en manos de un desconocido de dudosa reputación.

Sentados en el asiento trasero me hizo separar las piernas, por el retrovisor veía como el chofer miraba lo que ocultaba bajo mi falda, me excito estar así exhibida. El bastón metálico comenzó a ser el protagonista, el era el que acariciaba mis muslos, el que presionaba mi coño, lo saco y lo acerco a mi boca, saque la lengua y lo lamí despacio, con alevosía, la visión le gusto, vi como su mano izquierda masageaba su paquete, lo bajo por mi garganta hasta mi pecho, adivinando su deseo desabroche un botón, después otro, y por ultimo el tercero, la americana se separo dejando mi piel a la vista, los pezones demasiado erectos, se dibujaban perfectamente en la tela presionándola . El bastón se paro en mi teta izquierda, un pinchazo seguido de un agudo dolor, me devolvió al asiento, me altero un poco, no me atreví a quejarme, y vi como un hilillo de sangre corría por mi piel. Pense que había sido marcada y eso aumento mi excitación al máximo, el bastón volvía entre mis piernas, note cono apartaba la tela y hurgaba en la entrada de mi raja, lo soltó por un momento e introdujo su mano, era la primera vez que me tocaba en este día, una oleada de placer me recorrió, agarro la fina tela, dio un tirón y la arranco note la goma clavarse en mis caderas y el chasquido al romperse, me las tiro a la cara y prosiguió hurgando con el bastón. El placer me corroía, tenia la imagen del pinchazo y era consciente que lo podía hacer en cualquier momento en el interior de mi coño. La incertidumbre me gustaba, me excitaba. Abrió la cremallera de su pantalón, manipulo dentro y su polla vio la luz. Un musculo erecto de dimensiones considerables, duro con venas hinchadas, el capullo salto de dentro de la piel, estaba brillante de un azul morado intenso. Me apetecía lamerlo, chuparlo, meterlo en mi boca y tragarlo todo, debía esperar que quería hacer conmigo, su mano presiono mi cuello conduciéndolo hasta su miembro. Comence a chupar de forma precipitada, su fuerte mano presionaba mi cuello e imponía el ritmo que el quería, hacia esfuerzos sobre humanos para poder respirar, abrir la boca y mover la lengua todo al mismo tiempo manteniendo el ritmo que me imponía. La otra mano dirigía el bastón que ya penetraba mi coño de forma brutal, era doloroso, agradable, excitante. Exploto en mi boca, con avidez me avine a tragar todo, no quería que una posible gota manchara su pantalón, si algo se tenia que manchar que fuera mi americana, cuando se corrió me puso en mi posición inicial, mando parar el coche y me hecho fuera, antes de ponerse en marcha abrió la ventanilla y me tiro la tanga al suelo. Fue todo tan deprima que no sabia que ocurría, todo me daba vueltas no sabia donde estaba empezaba a distinguir gente andando, era una plaza. Intente cerrar la americana, mis manos torpes no encontraban los botones, veía mis pelos despeinados y el samen que corría por mi cara hacia abajo, en mis pies la tanga destrozada, y en mi coño la calentura en esa postura y en medio de todo el publico me sobrevino el orgasmo, en un momento de lucidez rezaba para que fuera un lugar alejado y ningún conocido pasase cerca. Llena de vergüenza y de satisfacción recompuse como pude mi vestuario y mis pelos y me dirigí a buscar un taxi, no quería centrar la mirada en la gente, no quería saber que habían visto, no quería saber si me miraban. Tumbada en mi cama llore, no se si de rabia, si de vergüenza o de placer. Pero ese fue uno de los orgasmos mas intensos de mi vida.

Llamaron al automático, no quise abrir, seguía disfrutando en silencio de lo ocurrido, volvieron a insistir, me levante y descolgue.

- Quien es? - lo dije como mejor pude intentando ocultar mi animo lloroso.

- Teresa, soy Salome.

- Que quieres.

- Necesito hablar contigo.

- Este no es un buen momento.

- Por favor........., es urgente.

- Sube.

- Gracias