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Retazos de una vida

Calahorra

 

 

 

- Espera un momento, todo llegara, ahora me apetece que tus labios acaricien mi coño, que me obligues a suplicar por mi placer, que arranques de mi los gemidos de una perra en celo. Mas tarde te contare parte de mi historia. Por que no bailas para mi Mirían como lo hacías en el bar?

- Tengo una idea mejor teresa, por que no lo haces tu para mi?

- Yo no se como se hace.

- Una puta como tu no necesita saberlo, le sale de dentro. Vamos sube a la mesa y comienza a contornearte.

La chica se asombro de su entereza al dar la orden, teresa subió sobre la mesita apartando los juguetes con los pies, estaba vestida para la ocasión, un sujetador negro balconet que exhibía sus tetas, una braga también negra, el liguero y las medias envolviendo sus piernas, cubría todo un batin de gasa también negra, poco a poco comenzó a mover sus caderas.

- No te da vergüenza moverte así, pareces una cantante de un coro de iglesia, así no calientas ni al mas salido. Pon atención a lo que estas haciendo o me voy ahora mismo.

- Es difícil llevar un ritmo sin música.

- No te quejes y si necesitas algo, suplícalo.

- Por favor mi señora, puede poner música. Quiero agradarla.

- Vas aprendiendo perra.

Una música caribeña empezó a inundar la sala, los movimientos se hicieron mas rítmicos, rayando lo voluptuoso. La bata de gasa nadaba en la habitación, acompañaba los movimientos. Teresa se iba perdiendo en la calentura de su baile, veía como Mirían comenzaba a desnudarse, el cuerpo joven veía la luz, en ropa interior se sentó en el sofá frente a ella, cogió una fusta del suelo. La acaricio con pasión, la paso por su coño dentro de su braga. La imagen calentaba a teresa que se movía como una posesa.

- Ves puta como si sabes bailar. Quítate la bata.

Obedeció sin rechistar, empezaba a notar como su entrepierna se calentaba. También noto la humedad que aparecía en la ropa blanca de la chica. La fusta recorría sus piernas en amenazadora caricia. Sin esperarlo noto como el cuero mordía su culo. Los movimientos se avivaron, la piel empezaba a cubrirse de sudor. Se sentía un juguete. La chica se divertía utilizándola, fue juntando la tela de la braga de teresa hasta hacerla una fina cuerda, con los movimientos se iba introduciendo en su coño clavándose en su carne, lo que facilitaba los golpes en sus nalgas desnudas, el rozamiento del clítoris se reflejaba en su cara. Los movimientos eran ya obscenos.

- Quítate el sujetador.

La prenda cayo al suelo y las tetas comenzaron a danzar libremente.

- Te comportas como una verdadera puta. Seguro que tu coño esta chorreando. No sientes vergüenza? una señora de tu posición haciendo estas cosas.

- Si mi señora mucho, pero hoy solo existo para servirla.

- Baja de la mesa arrodíllate y comienza a lamer mis pies. He estado todo el día de pie, los tengo cansados y sudados. Lamelos con cuidado no quiero que me hagas cosquillas.

- Si mi señora, gracias señora.

El olor de los pies sudados le causaba cierta nausea, que no se correspondía con el calor de su coño, lamió con cuidado dedo por dedo después la planta primero un pie, después el otro, cuando termino de lamer, noto una mano que agarraba su pelo y tiraba de ella hacia arriba.

- Quítame las bragas, y empieza a lamer también mi coño. Me has calentado tanto que tengo ganas de correrme en tu boca.

Teresa saco las bragas de la chica y comenzó a lamer la raja limpia y jugosa de la joven. Estaba muy caliente y lo hacia con devoción.

- Mastúrbate a la vez que me lames. No pensaras que voy a lamer yo el coño de una puta como tu.

Estas palabras la hicieron sonrojar, la vergüenza la inundo, lamió rápido y preciso, se masturbo con fuerza hasta hacerse daño y al unísono se corrieron las dos.

Se sentó en el sofá junto a la chica y abrazadas dejaron que la respiración de ambas volviera a su ser.

- Te contare donde supe de forma clara ya lo que quería ser el resto de mis días. Había tenido algún escarceo con la sumisión, la violación en la playa, el día de los truenos y alguna cosa mas de forma esporádica.

- Que violación? Que truenos?

-Esos son de otra historia que ahora no vienen al caso. Aquí fue donde de verdad lo supe, llegaba Semana Santa y quien después seria mi Amo había preparado un viaje a una casa rural en el Pirineo Navarro, lo notaba agitado como ansioso, cuanto mas se acercaba el jueves mas se endurecía su rostro. El miércoles por la tarde me dijo que iríamos de compras a unos grandes almacenes, entramos en la sección de deportes, fuimos al departamento de hípica, seguía inmutable no podía percibir nada, ni para que compraba ni que pretendía, cogió una fusta de salto, era corta el mango azulon, este se pegaba a la mano, quedaba firmemente asido. la lengüeta era mas ancha que las normales, también pidió una fusta de entrenamiento larga, me recordó una caña de pescar, fina y flexible, mediría algo mas de 2 metros, en la punta tenia un cordón de 20 cm mas o menos terminado en un nudo. Cada cosa pasaba por mis manos, las tocaba y acariciaba con sumo cuidado como con devoción. Cogió una totalmente de piel muy bien hecha con terminaciones perfectas. Esta si que la acariciaba con gusto, la blandió en el aire silbo y volvió a dejarla con una mueca de contrariedad. Rebusco un ramal era de piel negra trenzada, en una punta había un cierre de los automáticos, en la otra las cuatro puntas que formaban el trenzado quedaban sueltas, también la cogió, al pasarla por mi mano note como la aspereza de las trenzas querían dañar la piel de mi mano. Pasamos al departamento de mascotas, fuimos directamente hacia el sector canino, cogió dos comederos, unos juguetes, me preguntaba para mis adentros si no tenemos perro, para que querrá esto, ya sabia que todo lo que hacia tenia una explicación lógica así que no pregunte, Pidió un collar al dependiente, este le pregunto de que tamaño era el perro, con una sonrisa cínica le contesto que era para una perrita, me miro de arriba a abajo, esa mirada me traspaso, la sentí sobre mi cuerpo, de tamaño medio continuo, empece a ponerme nerviosa al ver su sonrisa esa que tanto me atemorizaba y me excitaba, termino con una cadena de unos 5 metros y dos candados uno mayor que el otro. Paso un brazo sobre mi hombro, me sentí protegida y la sensación de antes se desvaneció, el también sonreía ya de otra forma mas agradable. Subimos a la cafetería con las compras, se sentó frente a mi, miro mis movimientos, sabia que le gustaba ver mis piernas y que las cruzase despacio para ver mis bragas, lo hice despacito pensando en provocarle, en causarle una erección, yo miraba de forma inocente como si no quisiera hacerlo. Volvió a sonreír descubriendo mi juego. Me pidió que fuese al cuarto de baño y me quitase las bragas, comenzaba yo a excitarme, pensaba en la salida, en los chorros de aire de las puertas y si levantaban mi vestido? seguía calentándome. Volví a la mesa sonriente, pensando en la puerta. Nos levantamos pensaba que nos dirigiríamos a la salida, pensaba en el cruce de las escaleras mecánicas lo que podían ver los de abajo, pero volvimos al departamento de hípica, el dependiente nos sonrío de nuevo.. Algún problema pregunto, no, no pasa nada respondió el, me había gustado la fusta, ya estaba en sus manos, seria un buen regalo para alguien, la paso por mi mejilla notaba la suavidad, percibía el olor de la piel. Podría probarla pregunto, yo miraba expectante, nunca había oído que las fustas se probasen, sonreía para mi, me decía, que tienen un caballo aquí dentro para probarlas? si por supuesto le respondió el dependiente, la oí silbar y estrellarse contra su mano, el sonido es bueno decía, acerco una banqueta baja forrada en terciopelo verde, de las que usaban para sentarse al probarse las botas de montar, me pidió que subiese mi pierna derecha, formaba un ángulo de 90 grados el muslo con la pantorrilla, el se quedo a mi lado el dependiente frente a mi, continuaba expectante, de repente recordé que no llevaba bragas, el rojo comenzó a inundar mis mejillas, con la fusta comenzaba a apartar hacia arriba la tela del vestido, una gran porción de muslo quedaba al descubierto quería, coger la prenda con las manos y bajarla pero no me atrevía estaba petrificada, no sabia que estaba viendo el de enfrente, no sabia que pretendía hacerme, aunque ya comenzaba a atar cabos, la prueba, sonaba en mi cabeza, la prueba, era yo la que debía probar, silbo y estallo contra la parte interior de mi muslo, fue un momento, como una picotazo de abispa y calor, no hubo mas, sonrío y dijo me la quedo. Me agarro de la cintura y salimos, creo que me llevaba en volandas, estaba muy enfadada, como nunca, pero era una rabia que la podía saborear, casi podía decir que me gustaba, empezaban sentimientos en mi que nunca antes había sentido de forma consciente, como la vez que mi padre me puso el culo rojo delante de su socio, esa misma sensación es la que tuve, pero ahora si sabia lo que era. Cuando llegamos a la calle me di cuenta de que habíamos pasado la puerta y no me había fijado si las faldas se habían levantado o no, me recreaba en otros sentimientos. En el camino a casa me comporte muy mimosa quería sexo, el me frenaba con caricias y buenas palabras, descansa, la semana será dura. Notaba el coño arder y mas al no ser atendida. Al día siguiente comenzamos las vacaciones ya era Jueves santo, con el coche cargado salimos, en el camino me hacia preguntas, me decía si me gustaría ser puta, si me excitaba cobrar por follar, si me gustaría ser el pago de una apuesta. Eso a mi me excitaba mucho ya se lo había dicho y el que me lo dijera me ponía muy caliente, empece a pensar que me llevaba a un puticlub a que me follasen, seguía calentándome. Ibamos hacia el norte habíamos pasado Soria, no se por que no habíamos ido por Burgos por la autovia, pero siempre tenia un motivo, y yo no era quien para contradecir. Cerca de un pueblo, lo recuerdo por que me dijo que era el del Bacalao, Agreda, empezó a hablarme de una pequeña ciudad bimilenaria, fundada por los romanos, de La Rioja, Calahorra, hablo de que dos días al año se permitía un juego curioso, solo esos dos días, Jueves Santo y Viernes Santo, se llamaban los borregos, en donde no estaba permitida la entrada de mujeres, trataba de una mesa de billar con unas bolas y unos agujeros en los costados, como el billar americano, el juego consistía en hacer buenas, ósea dejar bolas pares en la mesa o ninguna y que todos juegan contra el que tira, a malas ósea impares. Se contaban historias de que se habían jugado grandes fortunas, coches y hasta las mujeres. Soltó la frase, había pensado pasar y buscar a alguien que quiera jugar dinero contra ti por una noche. Me entro miedo, una cosa era fantasear y otra muy distinta hacerlo, veía el brillo de su mirada, sabia ponerme nerviosa, la palabra puta resonaba una y mil veces en mi cabeza. Quería pensar que lo hacia para ponerme nerviosa, también sabia que era capaz de hacerlo. Preferí pensar que se lo había inventado y eso no existía, nunca había oído hablar de ese lugar, la historia de jugarse a la mujer me parecía absurda, me convencía a mi misma. Llegaríamos ya al medio día cuando el fatídico nombre apareció en una señal en la carretera. Mis ánimos se hundieron, era verdad, toda la historia poda ser verdad. comencé a mojar mi coño, a excitarme, quería que esos pocos kilómetros no terminasen nunca. Me engañaba a mi misma el coche devoraba la carretera e irremediablemente llegábamos al lugar. Me quedaba blanca por momentos, toda mi vida pasaba en un segundo. La dirección era centro de ciudad, la catedral, un paseo con arboles, el parador nacional de turismo, y una cuesta hacia bajo, salíamos de la población, comenzaba a respirar de nuevo, pero seguía alerta sabia que podia hacerlo para despistar, decir que se había equivocado y volver sobre nuestros pasos.