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Historias en blanco y negro 3

 

 Cuando uno piensa que ya lo ha visto todo, que ya no quedan miserias humanas por descubrir. Mira en su interior, en la transparencia de su honor y descubre un nuevo abismo que se abre y tira de nosostros mas abajo.

 

 

Era una de esas noches en las que creia que el bar era parte de mi casa, de mi vida, de alguna forma me sentia mobiliario en su interior. Alce la vista, entre los botelleros tras la barra, un espejo devolvia duplicado la luz cansina de un neon con las letras "a" fundidas, pude leer a duras penas, " Tropicana " Era curioso nunca habia sabido como se llamaba el tugurio. Ese descubrimiento me dio valor para seguir indagando en los recovecos del local. Cuando ya casi tenia la batalla ganada contra mi miedo, entro Matias, otro de los habituales, un policia de la brigada de informacion, que de secreta tenia poco, pues aireaba a los cuatro vientos su ocupacion. A punto de retirase, divorciado y con una hija en edad de merecer, Kitty. Bebimos juntos, en silencio, acompaņados en la distancia de nuestros mundos, pero juntos. Maldecia y juraba como siempre, bebia para olvidar, para hacer mas llevaderas las noches. Hoy se trataba de no se que visita, de no se quien importante que vendria a la ciudad, habian tenido que limpiar las calles de basura humana, putas, chulos, mendigos, traficantes y demas escoria, les habian dejado el parque como si fuese un gueto y les habian prohibido salir de alli en dos dias. Bebia ginebra con hielo y rodajas de limon, las deboraba, decia que le inspiraba, que con ella las musas llegaban, que era un buen escritor, todavia no habia escrito nada pero en cuanto se jubilase escribiria libros, muchos libros. Yo rozaba ya los limites de la realidad, estaba en la linea en la que  todo se difumina, las distancias se acortan, las voces se alargan, el mundo se tambalea pero todavia no comienza a girar. La idea de visitar el parque tiraba de mi con fuerza, hoy prometia, llegue a pensar que seria peligroso. Pensamiento que se difumino despues del siguiente trago. Y alli estaba yo, pisando la hierba, me pregunte como serian los colores de dia, siempre lo habia visto en blanco y negro, algo que tal vez nunca llegaria a saber. Estaba concurrido, llenando mis espectativas, putas ofreciendo sus servicios bajo la desconfiada mirada de sus chulos, traficantes de tres al cuarto intentando esconder lo evidente. Pastilleros uniformados, cortados por el mismo patron, buscando el aliciente de la noche. Y buitres como no, gente despiadada esperando la carnaza que todos los bajos fondos proporcionan. Pase de largo intentando mantener la altivez, que evidentemente no tenia. Creyendome superior a todos ellos, sin darme cuenta que yo era uno mas de ese submundo. En la guarida, una mujer pasada ya su juventud vestida bien rayando la elegancia, hablaba con una jovencita, casi niņa. Le mostraba una cajita metalica, pude ver una jeringuilla de cristal, un quemador de alcohol, una cucharilla muy brillante, una bolsita de plastico y una botellita con liquido, todo diminuto como si de un juego de muņecas se tratase. No podia oir que decian, parecia una negociacion, hubo un momento en que la mujer cerro con fuerza la caja, se dio media vuelta y comenzo a caminar, pude ver la cara de las dos, la mayor era guapa, maquillada perfectamente, como invirtiendo el tiempo para gustar, me asuste al ver la cara de la menor, delgada, paliducha con el pelo de paja, era kitty la hija de Matias. Otra encrucijada que me veia envuelto, las dudas comenzaron, intervendria o seguiria fiel a mi promesa? hasta ahora era sencillo eran personas sin identificar ajenas a mi totalmente, pero esto me afectaba de una forma mas directa, me la cruzaria en el Tropicana alguna vez, que le diria a su padre?

La chiquilla la llamo y siguieron las conversaciones, deberia darme prisa en decidir, mis neuronas no estaban para correr tanto, gano el morbo y decidi que dejaria el momento correr, la mano de la mujer rozaba ya la megilla palida de la otra, vi el extremecimiento que causa el miedo a lo desconocido, la lucha en los ojos, el brillo. Intente hacer ruido, como una ultima trampa, una licencia al honor. Las dos ya estaban embebidas en sus fantasias cada una en la suya por supuesto, la mayor con el cuerpo joven de la menor, la menor con los viajes que le proporcionaria la cajita. No creo que fuese lesbiana, ni tan siquiera bixesual, me preguntaba que tendria la droga que impulsaba a aceptar cosas que en un principio no gustan, cual era el motivo para el principio. Las caricias aumentaban de grado, las manos se perdian ya bajo la ropa, las bocas se juntaban, la mujer llevaba la voz cantante, la niņa seguia acompasada, debolvia lo que le hacian. Se me antojo que la suciedad del parque, las miradas indiscretas, no eran lugar para la seņora aunque su corazon estuviese podrido y mucho menos para la blancura del cuerpo de la joven, como leyendo mi pensamiento, las dos abrazadas abandonaron el lugar, mi mente volo a una baņera con agua tibia llena de espuma exalando aromas afrodisiacos, y en unas sabanas limpias perfectamente planchadas probablemente de raso. Habia visto muchos amaneceres, pero ninguno tan oscuro como ese, la negrura de la noche parecia no dejarse vencer por la luminosidad del alba.