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Memorias de una princesa rusa

Anónimo · siglo XIX

De los clásicos clandestinos del erotismo europeo del XIX, este es de los que circularon con más nombres y menos certezas: unas memorias supuestamente encontradas, atribuidas a una aristócrata rusa y «compiladas» por un editor de seudónimo improbable, que narran sin pudor la educación sensual de su protagonista entre palacios y dormitorios. Todo en él es dudoso menos el género: la literatura galante clandestina que se imprimía sin pie de imprenta, se vendía bajo cuerda y se atribuía siempre a un manuscrito ajeno, porque firmar aquello era buscarse la ruina.

Por qué estaba en la biblioteca

La Mazmorra de 2008 lo guardaba junto a Sade y Sacher-Masoch porque pertenece a la misma genealogía: los libros que trataron el deseo, el poder y la crueldad erótica antes de que existiera vocabulario moderno para nada de ello. Leído hoy interesa menos por sus escenas —convencionales para el estándar actual— que como documento: enseña qué fantasías circulaban, cómo se disfrazaban de confesión encontrada para poder circular, y cuánto de lo que la cultura BDSM formalizó después llevaba un siglo escribiéndose a escondidas.

Dónde leerlo

La obra anónima del XIX es dominio público, pero con los textos clandestinos conviene el doble cuidado de siempre: las ediciones modernas añaden prólogos y arreglos con derechos propios, y las traducciones al español pueden tenerlos también. La vía práctica es una edición publicada en colecciones de clásicos eróticos, que existen y son baratas; la que estaba aquí en PDF, con compilador incluido, es justo la clase de versión de procedencia imposible de verificar que preferimos reseñar y no alojar.

Mazmorra no aloja ni enlaza copias de obras con derechos vivos: esta ficha es una reseña propia, y la lectura legal está en librerías y ediciones publicadas.