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Chantaje

Daryus · del archivo de la Mazmorra, 2008-2018

Chantaje

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CHANTAJE

Angela permanecía absorta en la lectura de los apuntes y libros de texto, su

concentración solo se veía rota de vez en cuando por miradas

furtivas hacia el cuerpo de esa mujer que tanto le imponía. Gertrudis reinaba tras su

gafas de concha en el silencio del papel y el olor de la piel. Miraba de soslayo como las

yemas de sus dedos acariciaba los lomos de los libros, como en un ritual. Cada día cuando

se acercaba la hora de cerrar, su rostro cambiaba, se veía alterado. Angela tardó tiempo

en comprobar a que se debía esas muestras de placer, de dolor, de admiración que el

rostro de la

mujer expresaba. A veces pensaba que desde su más tierna

infancia ya tenía una imagen de mujer madura, los zapatos de tacón, las medias con

costura, la falda de tubo, las blusas y ese peinado, siempre con moño que tanto le

excitaba. Se la imaginaba así desde el principio de los tiempos, creciendo con su ropa al

mismo tiempo. Durante muchas horas de escrutar gestos y movimientos, había conseguido

ubicar en el espacio los libros acariciados y en su mente los pensamientos vistos. Había

descubierto El Ama de Annick Foucoult con un gesto de satisfacción, La Venus de las

pieles de Massoch con desdén, Historia de O de Regine con admiración y otros tantos

títulos esparcidos por el corredor sin ningún otro orden que el que Gertrudis había

querido imponer, y todos ellos correspondidos con su gesto mas o menos voluptuoso. En ese

punto Angela se había dado cuenta que la bibliotecaria no era tan mojigata como los

demás creían, que tenia una sexualidad, muy afín a la suya, y la mantenía a

escondidas. Empezó a

elucubrar y a idear un plan que le permitiese acercarse sin

encontrarse con una defensa férrea y un no rotundo. Se sabía tenaz y cabezota , pero esa

no era la táctica a desarrollar con alguien que probablemente le aventajaba en

experiencia y astucia. Unos minutos antes del cierre Gerturdis se levanto como cada día

fue hasta la máquina del café y sacó uno con leche, lo dejó en la mesa de estudio

alargada cerca de su oficina y comenzó a despachar con una sonrisa irónica a todos los

estudiantes. Ese era el

momento de actuar pensó Angela, y con ese pensamiento se

levantó y se marchó no sin antes robar la última mirada de ese cuerpo prieto. Siempre

permanecía unas horas mas después del cierre. Angela pensaba en que haría. Penso en el

tomo de sade, de piel nervuda en su canto, no demasiado ancho, lo imaginaba correr entre

los muslos de la mujer mientras recitaba pasajes, pensaba en movimientos rápidos forzando

un orgasmo deseado. Y su pensamiento se iba a su abuela, y ella lo redirigia al lomo del

libro, como el nervio saltaba en su clítoris abultado provocándole un escalofrío y

continuaba al siguiente nervio, arriba y abajo una y otra vez. Y otra vez a su abuela,

recordó las pastillas que le daban y el efecto rápido que le sumía en un profundo

sueño durante unas horas. Partiría la mitad, la haría polvo y la pondría con cuidado

en el café, ya

pensaría como quedarse los minutos necesarios hasta que el

brebaje hiciese su efecto.

Angela se levantó temprano ese viernes, fue metiendo con cuidado sus cosas en la

mochila. Un consolador muy real con forma de pene, una mordaza, un antifaz, unas pinzas de

ropa, la fusta, la polaroid para recordar esos momentos. Machacó la pastilla y el polvo

lo guardó con cuidado en un papel doblado. Notaba un cosquilleo en el estómago, y un

estado de excitación no experimentado hasta ahora, también pensaba en el miedo de que

alguien descubriese sus cosas en la facultad. Según se acercaba la hora los nervios

crecían, Gertrudis acometía sus rituales ajena al plan tramado contra ella. Angela

esparció los apuntes por la mesa a sabiendas que seria la ultima en ser despachada. Cada

segundo era importante, debía sincronizar los movimientos, era fin de semana y la gente

prefería irse a su casa, así que no había muchos estudiantes que pudiesen ver sus

manejos. Se levantó hacia la mesa del café, junto a él había un panfleto escrito con

impresora grapado en la esquina izquierda y abierto por la mitad

más o menos. Pensaba en el lomo de Boudelaire, aun quedaba

tiempo, cogió el escrito y comenzó a leer.

...........-Venga, daremos una vuelta, estoy enganchando una calesa.

Había dos chicas con una larga melena negra, recogida en

forma de cola de caballo, les estaba colocando un corsé de cuero negro que hacía

resaltar sus nalgas, dejaba sus pechos al aire , les obligaba a mantener los brazos

pegados al cuerpo y las manos a la altura de los hombros mirando al frente. En las piernas

llevaban unas botas hasta la mitad de los muslos. La vara del enganche pasaba entre las

dos y terminaba en forma de T . Del corsé de cada una salían unas correas que sujetaban

dicha vara e impedían que esta cayera al suelo, las manos eran las obligadas a empujar.

-Bonitas yeguas.

-Le gustan? Son de un jeque Arabe enamorado de los caballos,

esta semana acaban su adiestramiento. Suba, que empezamos la visita. La vista era

espectacular , la coleta les caía a la espalda su grupa blanca resaltaba entre el negro

de sus atuendos, el trote rítmico es lo que más me llamó la atención, no andaban ni

corrían, trotaban. Al tensarse sus musculos por el esfuerzo se veían unas finas líneas

moradas en la piel de sus nalgas.

-Antes eran mas complicados los adiestramientos. Los esclavos

venían a la fuerza. Había que romper su voluntad, lo conseguíamos a base de dolor en

todas sus vertientes, humillación, hambre y esfuerzo. Se les hacía trabajar hasta el

agotamiento. Llegaban a un punto crítico donde se les volvía a recuperar mimándolos,

pero sin dejar los castigos.

En ese punto se entregaban a lo que el destino les deparara.

Ahora no, la mayoría son voluntarios, saben lo que buscan y aquí se lo damos. Soy yo el

que con todo mi poder me considero esclavo de ellos.

Su expresión casi melancólica denotaba tristeza. Pasamos por

un cubil donde una chica de las de ayer le estaban afeitando el pelo de la cabeza.

-Y esa? - pregunté interesado ...........

La lectura comenzaba a excitarla dejando de lado su que hacer, estaría ya por Anna

Rice, aun me queda tiempo, echó los polvos y continuo su lectura.

............. - Esa la compro un calvo, y como no tiene pelo quiere que todos sus

sirvientes estén despojado de cualquier rastro de vello en todo su cuerpo. Por eso viene

aquí, es muy difícil encontrar fuera un servicio que se adapte a sus caprichos.

-Todos, sus sirvientes los tiene pelados.

-Si todos , hombres y mujeres. Es una exigencia para los que

trabajan para él. Una vez estuve en su casa, todas las sirvientas tanto en la zona

pública como en la restringida van así, hasta que se acostumbran es muy humillante y

más las que tienen una preciosa cabellera como esta.

-Curioso

En otro cubil atados a un potro boca abajo había dos hombres

con algo entre las nalgas.

-El encargo para esos dos es abrirles el ano, para que pueda

disfrutar de ellos su Amo. Primero los desvirga y después nos los manda para que les

dejemos las medidas adecuadas, que se puedan penetrar con suavidad pero sintiendo la

opresión. Se les mantiene en esa postura seis horas al día y cada tres días se aumenta

el grosor del dildo.

En el siguiente estaba la asiática, la que a mi me habían

regalado.

-Sohhhhhhhhh. Vamos, baje, me han dicho que esta joya es suya.

-Si me la regalaron ayer.

-Que suerte ojalá pudiera tener yo una asiática. No son muy

frecuentes por aquí. Pese a su reducido tamaño son inagotables. Esta es japonesa, tiene

28 años, habla cuatro idiomas entre ellos el castellano y tiene dos carreras terminadas.

Tenía un buen puesto de trabajo en una importante empresa de informática. Ha dejado todo

por servir a un Amo con mano dura que quiera hacerla suya.

En un rincón completamente desnuda tirada en un camastro

estaba mi joyita, atada a su collar por una cadena. Al vernos llegar se puso en

pie...........

Angela oía los tacones que se acercaban al borde del pasillo, soltó los papeles y

corrió a su mesa, Gertrudis llegó, tomó el café le dio vueltas y se dispuso a beberlo,

cuando llegaba a su boca se detuvo fijando la vista en los desordenados papeles, creyó

recordar que los había dejado meticulosamente dispuestos, sus pómulos adquirieron un

tono rojizo, miró por encima de las gafas y no vio nada extraño, solo el amplio vestido

desaliñado de la rubia de la última mesa recogiendo sus

apuntes, que a su vez vigilaba sus movimientos. Sacudió la cabeza como quitándose un

peso de encima y bebió la totalidad del líquido. Se dirigió hacia ella para

despacharla, ya los demás se habían ido. Angela rezaba para que le diese tiempo, ya no

quedaría mucho para hacer efecto, aunque ahora dudaba si había sido buena idea, ella era

mucho mas joven que su abuela, y si no era suficiente dosis? las dudas comenzaban. El

repiqueteo de los tacones

sonaban en su cabeza. Oyó el clikear de las llaves caer sobre

la mesa. Fue levantando despacio la cabeza acariciando con su mirada el cuerpo erguido.

Podía oler la excitación del coño sobre la falda, tenia a dos palmos las voluminosas

tetas, tiraban de ella, subió la mirada hasta la cara, nunca la había tenido tan cerca,

era hermosa en las distancias cortas desprovista de ese disfraz de altivez. Quiso ver una

sonrisa dulcificada, la suya? las pastillas? Se apresuró a ponerse a su lado y cogerla

cuando empezaba a

caer, la dejo sentada en un silla y corrió a cerrar la

puerta. Las próximas dos horas sería suya. La zarandeó cerciorándose que estaba

profundamente dormida, con más miedo que precaución agarró las tetas, las acarició

sobre la tela, el tacto era preciso como si no llevase sujetador este descubrimiento la

excitó, notaba su entrepierna mojarse. Soltó los botones de la blusa apareció la carne

blanca y el pezón muy oscuro,

un corse balconet se encargaba de mantenerlas firmes. Comenzó

a hacer las fotos primero las tetas, las tetas con el consolador en medio, los pezones

solos, los pezones con pinzas, le puso la mordaza, le hizo la correspondiente foto,

también el antifaz, así no se notaba que los ojos estaban cerrados, remangó la falda y

vio el final de las medias con liguero, también hizo fotos, penso en el coño seguramente

desprovisto de bragas,

era bastante más calentorra de lo que había creído.

Poniendo los brazos hacia atrás y la cabeza ladeada hizo fotos del conjunto. En sus

planes no había contado con el peso, a duras penas la subió a la mesa y la dejó

tendida. Recogió la falda en la cintura y en efecto iba sin bragas, paso el dedo por el

ensortijado pelo, jugueteaba extasiada, no se podía creer lo que estaba haciendo, la

tenía para ella sola, hundió la cabeza y comenzó

a lamer, con suavidad. El coño correspondía regalándole con

jugos, subió hasta los pezones supcionandolos primeros mordisqueándolos después, se

pusieron erectos saludando la caricia. Hizo fotos de cuerpo entero, quitó la mordaza por

precaución, por si podía provocar asfixia, y jugó con el consolador en su coño

mientras lamía de nuevo el de ella. Después de correrse saco el consolador lo lamió

hasta dejarlo limpio y comenzó a metérselo a Gertrudis iba haciendo fotos en todo el

progreso. Miró el reloj

el tiempo había pasado casi sin darse cuenta, le dio la

vuelta para ver las nalgas enmarcadas por las tiras del liguero. Fotografío las nalgas,

con el consolador asomando entre los muslos, con la fusta sobre ellas. Se atrevió con un

fustazo, noto un leve respingo en la mujer pero nada mas. Fotografío la marca dejada,

intento introducir un dedo en el ano, eso la excitaba sobremanera, pero el tiempo se

acababa. Sacó el consolador lamió los jugos de Gertrudis. Se puso a horcajadas sobre las

nalgas introdujo el consolador en su coño y se folló a si misma sobre ese templo del

placer. Se dio prisa en recomponer las ropas de la mujer lo mejor que pudo, la bajó y la

sentó sobre la silla. Guardó todo en la mochila, y fue a por un vaso de agua. Intento

despertarla, sacudidas, bofetadas. Por fin lo consiguió, intentó como pudo urdir una

explicación, le dijo que se había mareado, una situación creíble. Le dijo que la

había asustado mucho y se había quedado esperando su reacción. Vio el escote

desabrochado, se le había olvidado. Masculló algo de que lo hizo para que respirase

mejor, lo había leído en algún sitio. La sorprendió mirando un pezón que asomaba, las

dos se sonrojaron. Gertrudis cogió la mano de la chica para llevarla a su escote. Angela

evalúo la situación, a punto estaba de dejarse hacer. Rápidamente penso que todos los

planes se irían abajo si accedía en ese

momento. Rehusó sin mucho convencimiento dejando una puerta

abierta por si acaso. En ese momento pensaba en el chantaje de las imágenes, pero primero

tenia que verlas, no sabía si habían salido bien o no. Mañana era sábado y la

biblioteca se abría hasta las dos. Salió excusándose de que era tarde, la mujer

asintió con tristeza.

En su casa, en la seguridad de su dormitorio, completamente desnuda, con su collar de

perra y con las pinzas que antes Gertrudis había llevado, en sus pezones, visionó las

imágenes. Se ordenaba no masturbarse, aguantar, sabía que era débil y necesitaba de

mano dura para no hacerlo, lo intentaba. Rápidamente sus manos se perdían en su

entrepierna. No

aguantó más, se hincó de bruces presionando sus tetas

pinzadas contra el suelo causándose un daño atroz. Queriendo castigarse así por

portarse mal, por ser una niña mala, metió el consolador en su culo sin miramientos, el

dolor erizaba su piel, las lágrimas estaban a punto de brotar, aguantó hasta quedar

satisfecha. Cuando se tranquilizó, escaneó las imágenes, seleccionó las que creyó mas

representativas y las imprimió, guardando ella las originales. No había pensado como

actuar, pero seguro que se le ocurriría alguna manera.

En la mañana busco entre sus ropas escondidas en su armario de las vistas de su madre,

lo que considero en cierta manera morboso, unos

zapatos de tacón, medias con blonda y banda de silicona, una

falda de piel negra y una blusa blanca, meditó entre si coger o no la ropa interior

negra, en última instancia la cogió. Guardó todo con cuidado en su mochila. Entró al

cuarto de baño, depiló su coño, le escocía un poquito, aguantó el quemazón del after

shave y se maquilló lo justo, se vio realmente preciosa reflejada en el espejo de cuerpo

entero que tantas veces había visto maltratar su delicado cuerpo y perforar sus agujeros.

Se vistió como de

costumbre, desayunó y dejó caer a su madre que tal vez se

quedaría a estudiar en casa de una amiga y seguramente dormiría con ella. Salió

sonriente camino a la biblioteca, en el baño de un centro comercial se cambió de ropa,

optó por no ponerse la ropa interior y de esta guisa se presentó frente a Gertrudis.

Esta le recibió con un guiño y un besito en la distancia. Se sintió incómoda, comenzó

a pensar que tal vez no se había

dormido del todo el día anterior y se había dejado hacer.

Tal vez era la cazadora cazada. Aunque también podía ser que el cambio de vestuario no

había pasado desapercibido. La joven se fijó en la blusa de la otra, los pezones

parecían marcarse más de lo normal, la sorprendió girándose y frotándoselos con las

manos, pensó en la picazón que le dejaron las pinzas, sonrío. No había nadie y no

tenía que estudiar así que se dedicó a vigilar los movimientos y a urdir su plan. El

tiempo pasaba y no se le

ocurría nada. Vio como leía el panfleto de ayer y como sus

gestos de la cara hablaban por si mismos, creyó ver perderse su mano bajo la mesa de su

escritorio. Empezó a revivir la tarde de ayer y se calentó en exceso tanto como para

atreverse a descubrir su juego y no dejar pasar más el tiempo.

Se presentó en el despacho sin ser esperada, en efecto la falda estaba subida y su

mano perdida en su interior. Lo peor que podía ocurrir era una sesión de humillación,

así con esa confianza mostró las copias de las fotos. El gesto de Gerturdis no se

altero, así que no fue un sueño le dijo, fue real. Una risa sarcástica se le escapó.

Su gesto se tornó duro, el que le gustaba a Angela. Que quieres dinero? le dijo, le

salió un no balbuceante. Entonces? cerró los ojos y suspiró.

Ya entiendo. Todo el coraje que había acumulado se

desvaneció ante esas miradas. Le ordenó levantarse la falda, los brazos los tenia

atenazados, el miedo? la excitación? Lo hizo. Vaya una putilla calentorra, oyó decir

cuando vio el sexo depilado. Mereces un castigo verdad? una pregunta que no esperaba

respuesta. La autoridad ya se había hecho patente, espero que no tengas planes para esta

noche, porque el castigo que te mereces será largo. Vio brillar los ojos de la mujer.

Arrodíllate en aquella esquina y

espera ahí hasta que nos vayamos a casa. Señaló un lugar no

visible desde fuera del despacho. Y en silencio no quiero escuchar ni tu respiración.

Piensa en tu condición y en el castigo que te espera.

El piso estaba decorado al estilo ingles, sobrecargado. Gertrudis se quitó la ropa

delante de Angela mientras esta permanecía de pie en el salón. Cayó la falda al suelo

dejando ver la carne blanca sobre las medias, se quitó la

blusa y aparecieron los pezones todavía doloridos por la

falta de costumbre y el coño ensalzado por las tiras del liguero. se puso encima un bata

de gasa y se sentó en un sillón orejero. Contempló a la chica largo rato provocándole

nerviosismo, vio endurecerse los pezones sobre la camisa. Se levantó a por un vaso de

agua fría, mojó la tela de la camisa, las tetas se transparentaron al instante, volvió

a su sillón y le ordenó levantar la falda. El coñito limpio brillo, le hizo separar las

piernas. Comenzó a hacer

fotografías. Le ordenó masturbarse, primero con su mano,

después le tendió un consolador mayor que el que ella tenía. Comenzó a meterlo

mientras seguía fotografiándola. Te parece bien que haga fotos? te gusta? hablaba sin

esperar ser respondida. Demasiado tenía Angela intentando conservar esos primeros

momentos.

Cuando creyó que estaba a punto de correrse le ordenó parar.

Le mandó desnudarse, le gustaba ese cuerpo joven, se preguntaba por que lo escondía tras

esos vestidos horribles. Con un gesto le hizo arrodillarse, e hizo que le quitara los

zapatos, masajeara los pies y los lamiera sobre las medias. Tras una ligera comida por

parte de Gertrudis y de restos arrodillada por parte de Angela comenzó la tarde. Pasaron

a la habitación

mantenía la misma decoración pesada, la cama tenía dosel.

Abrió las dos puertas de un armario, perfectamente alineadas tenia un sin fin de varas de

abedul y fustas. De su moño quito dos horquillas, este se deshizo quedando en una coleta

trenzada que le llegaba casi hasta el culo, se quito la bata y tenso las cuerdas del

corse, su cintura se estrecho y su busto aumento. Miraba las horquillas, tiró de los

pezones de Angela dejando una en cada uno, la presión era grande parecía partirlos por

la mitad. Cogió

unas muñequeras con cadenas las pasó sobre el dosel, ajustó

las muñecas y la chica se vio de puntillas, casi suspendidas. Probó una vara en el aire,

el silbido era amenazador, cambió por otra con el silbido mas ronco, esa pareció

gustarle mas. Comenzó una tanda suave desde los muslos hacia los riñones

intensificándose en las nalgas. La repitió mas fuerte. Giró a la chica y comenzó una

serie en la parte delantera de mitad de los muslos

hasta el bajo vientre. Prosiguió dos series cortas en los

pechos, hasta que las horquillas saltaron. Cambio de vara, una más fina de silbido

penetrante, los golpes dolían antes de llegar. Los lloros y súplicas no detuvieron la

voluntad firme de la mujer. Cuando lo creyó conveniente se detuvo, se tumbó en la cama y

comenzó a masturbarse frente a Angela, se corrió y quedó dormida frente a la incomoda

posición de la joven. Al despertar la desató, los músculos entumecidos le impedían

mantenerse en pie, le ayudó

a tumbarse en la cama, la dejó frente a sus piernas que

separó obligándole a limpiar los jugos resecos que había dejado con anterioridad.

Buscó dos consoladores eléctricos uno de ellos con apéndice para el clítoris, los

introdujo en los agujeros correspondientes sin miramientos, buscó un arnés para impedir

que las pollas artificiales saliesen y los dejó conectados. Así ordeñaré todos tus

jugos, le dijo, la ató de forma que no pudiese cambiar de postura y salió. Los

recuerdos, la situación y los dos dildos hicieron que

Angela se corriese sin parar, 6, 8, 10 veces, ya había

perdido la cuenta, también la sensibilidad y lo que empezó siendo placentero ahora le

causaba dolor, y la excitación volvía a hacer que se corriese y así sin parar. Cuando

volvió Gertrudis encendió la luz, se veían claramente las finas líneas azules que

cruzaban el cuerpo de la joven. la desató, quitó los consoladores. Se había soltado el

pelo que le caía sobre los hombros, ahora se veía preciosa y dulcificada. Masajeo el

cuerpo devolviéndole la circulación de la sangre.

Le entregó un vestido de sirvienta y las dos salieron al salón. Le obligó a

permanecer de pie a su lado, le hizo hacer la cena y servirla. A realizar con su lengua

los trabajos que el cuerpo maduro exigía. En la noche puso un collar en su cuello cerrado

con un candado y atado por una cadena a la pata de la cama, la dejó dormir a sus pies.

Fue su primera experiencia real con la D/S y tras esa llegaron más.

Texto republicado tal como se publicó en la Mazmorra original, con la firma de su autor. Ficción erótica entre personas adultas. Si eres el autor o su representante y quieres cambios o la retirada, dilo a un operador en el chat y se atiende sin discusión.