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Sentidos

Daryus · del archivo de la Mazmorra, 2008-2018

Sentidos

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Sentidos

La mirada

El sol golpeaba con fuerza mi mirada, a duras penas podía ver la calle jalonada de

altos arboles. La rutina diaria de ese caminar me advertía que llegaba ya a la entrada

del parque. La tarde caía, una tarde de comienzos de verano, donde el verdor estaba en

pleno apogeo, las flores radiantes se mostraban altivas a sabiendas que eran contempladas.

Aun era temprano y decidí cruzar el parque, junto a mi, pero no conmigo caminaba una de

esas mujeres, de las que se nos

antojan que deben llamarse Desire o Ivette o cualquier nombre francés que nos desplaza

al refinamiento propiamente dicho. Una media melena negra peinada a la perfección unos

ojos envueltos en pestañas interminables, unos labios carnosos perfilados con pasión de

un rojo intenso. Era imposible apartar la mirada, aun a sabiendas que en cualquier

momento, un mal gesto de su parte podría privarme de seguir disfrutando de esa

maravillosa vista. Un vestido vaporoso negro, escotado lo suficiente para dejarme pensar

en el fino encaje negro ensalzando unas

protuberancias perfectas, formando un canalillo de vértigo. Zapatos de delicado

tacón, encumbrando unos pies que los imaginaba ya como algo exquisito. Unas piernas

perfectamente torneadas, maravillosamente envueltas en la seda mas frágil que podía ver

en ese momento. En el muslo con la complicidad de un vientecillo abriendo la falda, al

amparo de mis ojos, el contraste del encaje con la blancura de la piel. Ya no me importaba

en absoluto, cruzarme con la posible dureza de su mirada, seguía absorto como quien

contempla una obra de arte en un museo. Me

quede parado, viendo pasar ese andar orgulloso, esas caderas provocadoras y esas nalgas

que ya sabia carnosas, ávidas de una buena caricia, sin querer ir mas allá de mis

pensamientos, que corrían con unos azotes gratificantes. Seguí de cerca con mi mirada y

también con mis pies, ese caminar hipnotizante. Llegue a una glorieta, donde las flores

parecían brillar muchisimo mas, en un banco la esperaba alguien, seguí caminando

decepcionado por el descubrimiento, negando la

evidencia y por primera vez en mi vida me escondí para mirar. Me preguntaba si le

esperaba a ella o tal vez no. La excitación crecía en mi, sin preámbulos se fundieron

en un beso apasionado, vi como las manos recorrían todo su cuerpo, sin pudor, sin

miramientos. Levantaba la falda, me mostraba todo lo que mi mente ya había dibujado. Mi

polla estaba dura, crecía a la par que las nalgas quedaban al descubierto, no llevaba

bragas. Vi como el hombre sacaba una tarjeta del

bolsillo, sin dejar de besar, hacia una pelotilla y la tiraba hacia la papelera cayendo

fuera. Ya no aguantaba mas y me saque la polla comencé a masturbarme descuidando mi

invisibilidad, en un cambio de posición de la mujer nuestras miradas se cruzaron, temí

lo peor, su rostro cambio, era la viva imagen del placer, en ese momento me corrí, y ella

vio lo que hice, sonrío, después calma. Le gusto que yo estuviese mirando y le gusto que

la exhibieran aunque fuera sin

saberlo.

El Oído

Se marcharon del lugar, busque esa mirada cómplice que ya no volví a ver. Salí a la

glorieta y recogí el papelito, deshice la bola. Ansioso, rezando que fuese un nombre, y

con expectativas de algo mas. Así fue, tenia un nombre, su nombre? y un teléfono. Se

llamaba Carla, o tal vez no era ella. Dudas que comenzaron a roer mis pensamientos.

Pasaron unos días envalentonado marque el numero, el sonido sensual de la voz me cautivo,

quise que fuera la de ella, intentaba recordar la

tarde del parque, en ningún momento escuche su voz.

- Dígame.

Quise colgar, no me atrevía a fallar, solo tendría esa oportunidad y me daba miedo.

- Diga.

- Hola , buenas tardes.- Intente que mi voz sonase fuerte, segura y a la vez cálida,

conseguirlo era mas difícil. - Mire, no se si me equivoco, la verdad que busco a una

persona y no se si es usted.

- Dígame a quien busca y lo solucionaremos enseguida. - Quise ver una sonrisilla,

había pasado el primer momento y las cartas estaban a mi favor.

- Creo que se llama Carla, tampoco estoy muy seguro. Forcé una risa intentando que

fuese contagiosa.

- Demasiadas dudas en esta bonita tarde.- Su voz parecía un arrullo, un ronroneo

mimoso.- Yo me llamo Carla, si.

Empece a sudar, la mente se me quedaba en blanco, como seguiría, esa era mi duda mas

inmediata. Se prolongo el silencio, donde escuche el palpitar de su respiración, donde vi

sus senos agitándose, e irremediablemente la excitación apareció en mi. me decidí ir a

por todas, todo lo tenia perdido y si conseguía algo eso me llevaría por delante.

- Vera, no creo que me conozca. La única relación que hemos tenido a parte de alguna

noche en vela por mi parte suspirando por unas curvas voluptuosas y un cuerpo jugoso, han

sido unas miradas cruzadas. Un fracción de segundo que concentra la esencia del placer.

Sonó una carcajada franca sin malicia.

- Usted es el del parque? - Volvió a reír.

- Si soy yo.

- Como ha conseguido mi teléfono?

- Que importa como, lo importante es que lo tengo.

- No es así, prefiero saber las cosas con certeza.

- Un papelito, enrollado junto a la papelera de la glorieta.

- Así que ya lo tenia decidido. - Lo dijo suave como si hablase para ella misma.

- Como dice?

- No, nada, no va contigo - Cambio su actitud haciéndose mas abierta y familiar. -

Gracias, necesitaba reír, y lo has hecho. Ese día me dejo la persona que estaba conmigo

después de ..... - Cayo de repente dándose cuenta que hablaba con un extraño. - Que mas

da, después de follar en un hotel conmigo.

- Si es un mal momento le llamare otro día, si no le importa.

- No, no es mal momento. Tampoco era tan buen amante, era soso y aburrido, a lo que mas

llegaba era a meter mano en el parque, ni tan siquiera notaba que no llevaba ropa

interior.

- Y ahora llevas? - Pase también yo a un tono mas amigable dejando de lado los

formulismos.

- Sabes me gusto, saber que alguien me miraba, eso me excito muchisimo. Y ahora el oír

tu voz tan varonil, empieza a calentarme de nuevo.

- No me has respondido.- Tome la iniciativa envalentonado.

- Quieres saber que llevo puesto?

- Si

- Solo llevo una camiseta y unas braguitas. Cuando llego a casa me gusta ponerme

cómoda

-Estás sola?

- Ahora si.

- Tienes un sillón cerca del teléfono?

- No, pero el teléfono es inalámbrico y lo puedo llevar donde sea.

- Bien, siéntate en un sillón.- Su respiración comenzó a agitarse. De alguna forma

percibí que le gustaba seguir ordenes, el juego comenzaba a gustarle. - Cierra los ojos,

el único nexo de unión con el mundo ahora será mi voz. Tus manos son mis manos, se

mueven por que mi voz te dicen que se muevan. Pasa un dedo sobre tus pezones, despacio.

siente como crecen, como obedecen mi voz. - Los

gemidos no se hicieron esperar, mi excitación también aumentaba y mi polla comenzaba

a crecer.- Pasa un dedo por encima de tu braga sobre la raja, despacio, casi sin tocarte,

rozándote solamente, siente mi voz, sientela dentro de ti, moja esa braga para mi.

- Uuhhmmmm

- Pellizca tu pezón derecho, mas fuerte. Sigue mi voz, unas manos fuertes. Vuelve a

pellizcar.

- Hayyy, Uhmmmmm

- Sigue, te gusta verdad? esto te gusta.

- Si, mucho estoy a mil.

- Quiero que me trates de usted.

- Como?

- No me hagas repetir las cosas, responde cuando te pregunte y termina con

señor. Entendido?

- Si,....... Si Señor

- Quiero oír el sonido de tu placer, no contengas tus gemidos. Pero no se te ocurra

correrte si no te doy permiso.

- Si señor, mi placer es su placer.

- Pellizca tus pezones primero uno, después el otro.

- Ahhhggg. Ahhhgggg. Así le gusta mi señor?

- Así me gusta si, me gusta escuchar. Ya tienes la braga mojada?

- Si Señor esta empapada, hace mucho que no estaba así.

- Separa las piernas, al máximo. Bien, has una tira con ella, que quede dentro de la

raja toda. Tira hacia arriba de la tela, hacia tus tetas.

- Aghhh, Aghhh. No se si podré aguantar, déjeme correr ya.

- No, aguanta, pellizca tu clítoris, eso calmara tus ganas.

- Hayyy, hayyyyy. duele.

- Sigue, seguro que te gusta. - Mi polla estaba ya en la mano, era imposible aguantar

ese momento.

- Si señor, me duele, pero me excita demasiado, Por favor quiero correrme ya.

- No, no olvides que tu placer es mi placer. Acaricia tu clítoris con suavidad,

despacio, muy despacio. Rózalo solamente.

- Uhhmmmm, Aghhhh, Uhmmmmm

- Mete un dedo dentro de tu coño, despacio , hasta el fondo, siente como mi voz entra

en ti, mete otro, hasta dentro.

- Si, Si Señor, me llena, Aghhhh, Aghhhh

- Suplica por tu placer, quieres correrte ya?

-Si, Por favor, por favor señor deje que me corra ya.

- Córrete, saca tus gemidos arráncalos de ti. Mas deprisa, córrete ya, si no lo

haces en un minuto no te correrás.

- No es necesario un minuto señor, ya, yaaaaa , yaaaaaaaaa , Aghhhh Aghhhhhh

Aghhhhhhhh.

Acelere el ritmo de mi mano y en ese momento mi polla estallo. quise fundirme con su

ultimo grito, y al unísono los dos acabamos.

- Deberías decir algo no?

- No se que deba decir señor.

- Deberías darme las gracias, no crees?

Hubo un silencio que me pareció eterno, creía que estaba vencida pero ahora sin la

excitación de por medio, su mente pensaba de otra forma.

- Gracias señor. -Esas palabras me sonaron a triunfo, en su lucha interna había

ganado la excitación.- Nunca había hecho nada igual, ha sido fantástico, nunca pense

que el seguir una voz pudiese dar tanto de si.

- Así que te ha gustado?

- Si señor.

- Ya puedes dejar de lado lo de señor, eso era parte del juego. Me gustaría conocerte

en persona . Oler tu celo, degustar tu sabor.

- A mi también me gustaría conocerte.

- Te parece bien el sábado.

- El sábado?, el sábado? -

Adelantándome a su duda.

- Quedamos a cenar en un restaurante, charlamos y después ya veremos.

- Vale, quedamos el sábado.

- Te parece bien el " Thai Garden" Lo conoces?

- Si, esta bien

- Allí a las 10

- De acuerdo.

- Un besito, cuídate y pórtate bien. Ah que se me olvidaba viste como en el

parque.

El olfato y el Gusto

Después de recorrer lo que antiguamente fue un paso de carruajes y tras subir unas

escaleras, la primera sensación, antes incluso que admirar sorprendido el estallido de

color que las inigualables orquídeas me mostraban, fue ese olor característico. El olor

que te recibe cuando llegas al aeropuerto de Bangok y por extensión a todos los demás.

El olor penetrante especiado que golpea tus sentidos en todo el antiguo reino de Siam,

país de la eterna sonrisa. Uno olor que

inevitablemente siempre te transporta alli Me acerque a una pequeña vitrina a admirar

las joyas con piedras semipreciosas que se exhibían. Entable conversación con una menuda

muchacha, de proporciones perfectas, rostro sonriente y ojos justamente rasgados. Su

atención sumisa tan característica de la raza no me sorprendió en absoluto, las

esperaba ya. Compre un collar de cuentas mientras esperaba, cuentas de jade,

laboriosamente redondeadas, en el cierre medirían

alrededor de un centímetro e iban aumentando el tamaño hacia el lado opuesto hasta

llegar a no mas de dos centímetros. Tras la compra y después de haber vencido su

prudencia y ante la insistencia de mis preguntas termino por confirmarme que no era

Thailandesa, que era Filipina. Escuche el sonido de unos tacones subiendo por la escalera,

sin girarme supe que era ella, mi cita había llegado. Casi sin hablar, tan solo con el

ruido de las miradas, entramos en el

jardín tropical que es el restaurante, el bambú, la madera y las sonrisas inagotables

del príncipe de la casa nos acompañaron a nuestra mesa. Una reserva en la parte noble

del local. El curry penetraba en mi sentir, alojándose dentro. Me coloque tras Carla para

acercarle la silla al sentarse. Mi nariz rozo su nuca, el suave perfume mezclado con su

olor natural tiraban de mi hacia ella. Mi lengua salió y comenzó una húmeda caricia

desde la nuca hacia el lóbulo de su oreja, saboreando cada segundo. Me di cuenta que el

primer roce físico había sido por medio de la lengua. Ella seguía inmóvil, se dejaba

hacer, silenciosa, note la agitación de su respiración, los vellos ponerse de punta, vi

como sus piernas se separaban, y el olor del celo que subía, sonreí. Terminé de acercar

su silla y me senté junto a ella. Costo romper el silencio, no la complicidad. La comida

avanzaba, deje que un poco de curry rojo corriese por mi dedo, se lo ofrecí para que lo

lamiera. Al principio no se atrevía, después lamió con timidez, y poco a

poco lo metió por completo en su boca supcionando. Mi polla crecía. Miraba su cara,

los ojos cerrados, concentrada en su cometido, estaba preciosa. Saque el dedo con un

cierto disgusto por su parte. Los jugosos labios rojos quedaban potenciados por acción de

la humedad, eran una tentación irresistible. Invitaban a morderlos, a degustarlos con

pasión. En los postres abrí un rambutan, la viscosa y blanquecina fruta brillaba en mi

mano, la introduje en mi boca, acerque

su cara a la mía, estruje contra su lengua mi lengua, el sabor dulce , su sabor, mi

sabor, el olor, todo en uno. Bese, mordí la carnosidad de su boca. Lamí su cuello,

deguste su piel salada, le susurre en su oído "mastúrbate" "suelta el

olor de perra en celo para mi" no lo penso, ni penso el lugar donde estabamos. Separo

sus piernas, escondió su mano entre ellas y se corrió, me miro, su mirada decía para ti

y por ti. Salimos de cenar y fuimos a mi casa, las lenguas se cruzaron a la luz de las

farolas, los olores del placer nos siguieron en los vagones del metro. En casa me senté

en un sillón, me quite los zapatos y los calcetines y ofrecí mis pies para

que los lamiera. Lo hizo con torpeza pero con devoción, notaba que le excitaba, en lo

mas profundo de su ser le gustaba. le ofrecí el pie para que frotara su coño contra el,

se corrió y volvió a lamer lo que había ensuciado.

El Tacto

Me levante, con un pañuelo de seda negra, vele su vista, en cierta manera una parte de

mi se negaba a ocultar la belleza de esos ojos, de impedir esa mirada que empezaba a ser

sumisa. La deje sola con sus pensamientos, esperando que disfrutara su nueva situación.

Me puse cómodo y me acerque con sigilo, la note alerta, se sobresalto al recibir mi

caricia, el dorso de mi mano rozaba su mejilla. Sus brazos colgaban a cada lado de su

cuerpo. Me coloque tras ella, mi

lengua acariciaba el lóbulo de su oreja, su nuca, el otro lóbulo, mis manos

acariciaban sus piernas, subían hacia arriba por las medias, tocaban la carne limpia y

volvían a bajar. Mi polla presionaba su trasero, se frotaba contra el, la oía gemir. La

desnudaba despacio, el vestido caía a sus pies, después el sujetador, tan solo las

medias y los zapatos quedaron en ella. Mis manos

palpaban suavemente, se aprendían la orografía de su piel. Cada pliegue, cada hueco

cada protuberancia, todo quedaba grabado en la memoria de una caricia. Ahora eran mis

dedos los que presionaban sus pezones, los que le arrancaban pequeños grititos, los que

estiraban esa delicada piel, los que los retorcían. Sopesaba las tetas, las apretaba

buscando su tersidad. Me aleje un poco, magree esas nalgas turgentes, les di un pequeño

azote deseado desde el primera vez que las vi. repetí mas fuerte, articulo un pequeño

quejido, mitigado por la excitación que ya reinaba. Me repetía a mi mismo, despacio, no

la asustes quedan muchos días por disfrutar, que aprenda poco a poco, que sienta despacio

y aprenda a vivir con las nuevas sensaciones. Cogí el collar recientemente comprado lo

abrí, pase las bolas por las tetas, la frialdad le asusto, no paso de un pequeño

respingo, acaricie con ellas sus pezones, que saludaron la caricia, poniéndose tiesos.

Baje, pase el collar entre sus piernas, y subí despacio rozando el interior de sus

muslos, llegue a su coño, seguí subiendo las manos hasta la cintura. La bola mas gorda

quedo en el centro de su raja. Comencé un movimiento lento de vaivén, cada bola hacia la

caricia por su cuenta, y todas a la vez debían elevarla a las alturas, gemía, se

retorcía. Mi polla estaba a punto de estallar. La dirigí hacia el sofá la empuje cayo

de bruces, la deje a cuatro patas, mi polla buscaba ansiosa su coño, entro de un golpe

sin miramientos, entraba y salía, entraba y salía, una y otra vez hasta que vencido

saque la polla y me corrí sobre su espalda. Pense, que desperdicio de sabor perdido en

esa espalda.

Texto republicado tal como se publicó en la Mazmorra original, con la firma de su autor. Ficción erótica entre personas adultas. Si eres el autor o su representante y quieres cambios o la retirada, dilo a un operador en el chat y se atiende sin discusión.