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Sussan

Daryus · del archivo de la Mazmorra, 2008-2018

Sussan

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El Silencio de Sussan

Esta aventura empezó una fría tarde de mediados de otoño, el olor penetrante de la

tierra mojada, gratificaba todos sus sentidos. Acaba de bajarse, satisfecha, de un

autobús desvencijado, con asientos de piel cuarteada y olor a rancio.

Se había subido en una ciudad de la que prefería olvidar su nombre. Todas las miradas se

dirigieron a su cuerpo grácil y los oídos escucharon embobados el repiqueteo de sus

tacones.

Una imagen demasiado irreal en un lugar donde todos los moradores eran rudos

trabajadores de la construcción adormilados en un regreso mecánico de un anodino día de

trabajo. Vestía ropa demasiado ligera para el frío que hacia y no pasaba desapercibido

su ausencia de equipaje. Oteo por encima de las cabezas, buscando un refugio donde

guarecerse adormilada, hasta un destino que tampoco conocía. Empezó a caminar

provocativa por un estrecho pasillo obstaculizada por brazos que no querían apartarse. Se

dejaba sobar, disfrutando de caricias desconocidas. Roces, tocamientos que calentaban su

entrepierna. Desechó un lugar mediado el autobús y se dirigió a la ultima fila donde

dos vacantes esperaban ser ocupadas.

Pago el tributo de unas manos entre sus piernas para que el paso le fuese franqueado. Y

se recostó apoyando sus brazos en la empañada ventanilla. Subió las piernas

encogiéndose en posición fetal ocupando el asiento contiguo que quedaba libre,

despreocupándose de las miradas que dirigía su acompañante a los pies y piernas que

poco a poco quedaban al descubierto.

Abrió un momento los ojos y vio muchas miradas recreándose en ella, volvió a

cerrarlos dejándose acariciar por esos ojos, mecida en la tibieza, pensando en el frío

del exterior y teniendo la consciencia de que aun podía ser peor. No se inmuto cuando

unas manos tiraron de sus pies obligándola a estirar las piernas, no quiso abrir los ojos

y mirar de quien eran, prefería soñar con otro cuerpo mas atlético, mas limpio.

De todas formas lo que tendría que pasar, pasaría. Y que podía hacer ella en medio

de todos, que de alguna forma eran camaradas?.

Sintió la suave caricia de las rudas manos adorando sus pies, la delicadeza con que le

quitaban los zapatos, y el suave masaje relajante, que esos dedos fuertes le realizaban,

disfruto del momento en su ensoñación. Pensando sin mirar en la cara de felicidad del

que le otorgaba sus favores. Su calor interno aumentaba, a la vez que sentía la humedad

de los dedos de sus pies bajo la fina seda de las medias. No podía concretar con certeza

la duración de las caricias, ni cuando pasaron a recorrer la parte interior de sus

muslos.

Pensaba en la postura en que debía estar el hombre, sintiendo una pierna flotando en

el aire con un mínimo punto de apoyo. La humedad de la lengua siguió hasta tocar la

carne por encima de la banda de encajes, y rozo la tela de la braga. Siguió

con los ojos entornados disfrutando en la lejanía de sus sueños la caricia. Se corrió

sin abrir los ojos dejándose hacer. En silencio. Noto que le quitaban las bragas, y

empezó a pensar en las poyas de los trabajadores, en su paso había intentado quedarse

con las caras, y ahora en su pensamiento veía todas fundidas en una imagen, la rudeza.

Volvió a excitarse mucho, y la lengua la relajo de esa excitación hasta que volvió a

correrse. Quedo encerrada en el tiempo de nuevo.

La despertaron unos empellones del conductor, nadie mas quedaba en el autobús. Lo vio

mirando su cuerpo, con la falda enrollada en su cintura, por un momento le paso por la

cabeza que todos habían desfilado ante su semidesnudez, y que

hasta el conductor se la había pelado a su salud. No le importo mucho, se levanto,

recompuso sus ropas y salió. Se encontraba allí en lugar parecido al que se había

subido pero ahora sin bragas.

Miro a un lado y a otro, intentando reconocer algo que evidentemente no conocía, la

céntrica estación se había quedado solitaria, solo ella y las brumas que subían al

amparo de la cansina luz de las farolas. Se encamino cuesta arriba hacia lo que parecía

el resplandor de un luminoso anunciando una marca de cerveza. Poco a poco se fueron

escuchando las voces subidas de tono, escupidas con grosería. Empujo la puerta y bajo los

dos peldaños que daban paso a un local sucio y con el suelo lleno de serrín. Llegaba a

ella el olor de comida caliente, y eso ya era mucho. La ultima oportunidad del día.

Escucho los cuchicheos de varios parroquianos, donde salía la palabra autobús a la vez

que los ojos la devoraban. Tras la barra el camarero se relamía por tan ilustre clienta.

Y en la ultima mesa un comensal, le mostraba una tela de encaje negro, lo llevaba a su

nariz y lo volvía a mostrar, se imaginaba de quien eran.

La invito a que lo acompañase en su mesa y con un gesto al camarero le pidió otro

plato. Tras la rudeza del disfraz se encontraba un hombre cultivado, donde a veces

brillaba una sonrisa cínica.

Sussan sonrio para sus adentros, penso que era alguien como ella, un personaje fuera de

esa historia.

Mientras cenaba no podía dejar de sentir como las miradas que se encontraban

a su espalda la desnudaban. Notaba el celo de los hombres, le recordaba escenas de

montería, la berrea concretamente y eso la calentaba. A cada cucharada de sabor

contundente de comida casera, el local se aligeraba. Quedaba su acompañante el dueño y

dos tipos que parecían tener apego a sus sillas. Bajaron la persiana aislando los

sentimientos del mundo exterior. Creyó ver en el rostro del hombre gestos de

afirmación. La calenturienta fantasía de Sussan comenzó a volar acompañada del sabor

de tinto de frasca. Penso en unas manos que separaban sus piernas, que desabrochaban su

falda, que la levantaban. Seguía comiendo en silencio, se dejaba hacer.

Disfrutaba de su silencio, de sentirse objeto. Paseo sus caderas desnudas por un

angosto pasillo con olor a orín. Su presencia refresco un cuartucho oscuro amueblado por

cajas de bebidas y un camastro raído. Frente a ella sentados en improvisados

taburetes estaban los tres hombres mirándola de frente, contemplando su desnudez. Se

quedo inmóvil, desnuda de cintura para abajo, con el bolso colgado de su hombro,

impasible, disfrutando de su silencio. Se dejo hacer cuando el cuarto hombre, su

acompañante, se acerco por detrás acariciando con su bragueta las desnudas nalgas. Las

manos quitaron la blusa, con brusquedad separaron sus piernas. Se sonrojo al notar como

subía el olor de su entrepierna. El sujetador dejo de presionar su carne. Todo corría

demasiado, solo su silencio permanecía pausado. Miro a los espectadores del strip tease

forzado recrearse con cada movimiento, cuando alzaba sus pechos, cuando tiraba de sus

pezones, cuando presionada desde atrás adelantaba su pubis. El sentirse exhibida,

dirigida era lo que mas le excitaba. Se notaba a punto, cualquier rozamiento en su coño

terminaría en orgasmo, las manos jugaban con ella, subían por los muslos, bajaban por

las caderas, todo salvo el triángulo era mimado. La empujo hasta el jergón quedando

arrodillada a cuatro patas. De reojo vio como de alguna forma se jugaban los turnos de

poseerla. Primero su anfitrión, basto conque apoyase su poya en la raja para disfrutar

del primer orgasmo. Se encerró de nuevo en su silencio y se dejo hacer, usar.

Nada importaba ya, solo sentir, sin saber que ni como, solo su silencio.

Fueron tomándola por turnos, por cada uno de los agujeros, al principio por separado con

cierto pudor, después juntos. Tras el primer envite el acompañante de la cena se retiro

y dejo hacer a los otros tres, el se quedo mirando desde los taburetes, disfrutando del

espectáculo. También disfrutando del silencio que las palabras soeces y los bufidos

encierran. Después de mucho rato cuando los hombres estuvieron saciados se fueron

retirando, agradeciendo la fiesta que les había proporcionado el otro. Cuando quedaron

solos Sussan se abrazo al hombre, lo beso y este le devolvió los besos.

- Feliz cumpleaños cariño.

- Gracias - dijo Sussan rompiendo su silencio. - Ha merecido la pena la semana de

separación para esta puesto en escena. Me ha encantado, no saber nada, tener que

guiarme por mis instintos. Y si me hubiese equivocado de autobús?

Otra ciudad para olvidar......

Texto republicado tal como se publicó en la Mazmorra original, con la firma de su autor. Ficción erótica entre personas adultas. Si eres el autor o su representante y quieres cambios o la retirada, dilo a un operador en el chat y se atiende sin discusión.