Zapatos
Daryus · del archivo de la Mazmorra, 2008-2018
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ZAPATOS (Cap. 1)
Un rayo de luz comenzaba a juguetear sobre sus ojos. Se resistía a la
realidad del nuevo día. Todo su cuerpo le pesaba, se sentía cansada. No quería
despertar. Poco a poco sus ojos se entreabrían, la pesadez hacia que se volviesen a
cerrar, en ese duermevela se percató de la realidad, y se fue haciendo consciente de lo
que acontecía. Elena vio como la luz se filtraba entre la unión de dos gruesos
cortinajes de un color gris
metalizado. Estaba tumbada de costado en una cama, notó los
brazos adormecidos junto a su pecho. Giró un poco la cabeza, su Amo estaba a su lado.
Se sintió feliz, todavía no lo conocía, pero el calor de su cercanía le sobraba. Le
vinieron ráfagas a su mente de lo que ocurrió la noche anterior.....
Tenía instrucciones de llegar frente a la puerta, vendar sus ojos y llamar.
Ya en el lugar, le entró el miedo, las piernas le temblaban, no creía que pudiesen
aguantarle, y si entro y me caigo, seguro que me despide por inútil, y si no le gusto.
Las dudas aumentaban. Que lejos quedaban ahora esas dudas, esos miedos . Envuelta como
se encontraba en ese halo de felicidad. Había comenzado a excitarse, y notaba como su
coño se mojaba. Se decidió y llamó.
La puerta le fue franqueada, su primera sensación, el olor que ya conocía, ahora la
fragancia era más intensa, más penetrante, notaba una pequeña diferencia con el frasco
que ella tenía para perfumar sus partes íntimas, para ser más de su Amo. Pensar en la
mezcla del olor de la colonia con el de su cuerpo, le gustó.
Notó la presión de una mano fuerte en su brazo justo cuando iba a dar un traspiés,
la mantuvo erguida, con ese gesto se sintió desarmada del todo.
Iba decidida a pedir verlo y hablar antes de comenzar
cualquier juego. Ahora sabía que no lo haría, le dejaría hacer. Estaba entregada.
Podía sentir la calidez de su presencia, su cercanía, hacía grandes esfuerzos para no
abalanzarse sobre él y besarlo, recordaba sus palabras, despacio todo llega.
Quedó parada y notó como se alejaba, como se sentaba frente a ella. Pudo oír su voz
cálida, ronca, fuerte y segura, tranquilizadora. Comenzó a dar órdenes, levantaba mi
falda cuando recordé que no me había quitado
las bragas, sabía que eso no le agradaría, era un fallo
imperdonable que sabía que me haría pagar aunque no dijese nada.
Fui desnudándome poco a poco siguiendo sus órdenes, la blusa, mis pechos grandes, las
tetas de una vaca como el decía, querían
escaparse del sujetador, sus frases jocosas me enervaban, la
mezcla de vergüenza y humillación me ponía a mil. El sujetador, la totalidad de la
carne a su vista. Noté algo frío que recorría mis pezones. La falda cayó, solo
quedaban los zapatos, las medias y las bragas transparentes negras a juego con el
sujetador. Con una fusta de doma jugaba con mi cuerpo, me hacía levantar los brazos,
bajarlos, separar las piernas cerrarlas y
todo sin decir una palabra solo con la fina varilla. Me dijo
que no podía tocar el cuerpo sucio de una puta, me sentía arrastrada a lo más bajo.
Oí lo que me parecían los chasquidos de unos guantes de látex poniéndose en una
mano. Antes de llegar a más, tengo que comprobar que el ganado es de calidad. Eso es lo
que mis oídos oyeron. Me machacaba más y más, y mi coño cada vez se mojaba más. El
tacto del látex recorrió mi mejilla, la acarició mientras me susurraba palabras al
oído. Abrió mi boca, repasó los dientes, tapándome la nariz con una mano, metió los
dedos de la otra dentro de la boca hasta que me dieron arcadas. Agarró mis tetas, las
sobó, pellizcó mis pezones.
Me mantenía inmóvil, incapaz de hacer cualquier movimiento, solo me dedicaba a
sentir. Rezaba para que esos dedos fuertes entrasen en mi coño. La braga estaba
chorreando, me daba vergüenza que lo estuviera viendo. Sin quitarme la braga, metió dos
dedos de golpe en mi coño, entraron sin dificultad, otra vez sus comentarios jocosos. Los
dedos salieron y uno de ellos hizo lo propio en mi culo. Lo sacó y noté como algo
rígido entraba otra vez primero en el coño y luego en el culo, pensé que lo estaría
midiendo y el rubor de la vergüenza volvió a mí.
Hoy veremos si tu culo es capaz de aguantar, si has cumplido con tus ejercicios o todo
lo que me has dicho es mentira, esas palabras..........
Me giró y me hizo apoyar las manos sobre la cama, bajó las bragas y dejó las nalgas
al descubierto, las separó hasta dejar el ano a la vista. Jugueteaba con una fusta, la
pasaba por mi coño, por mis tetas que estaban colgando. Algo duro comenzaba a penetrar mi
ano, quise que fuera su polla, pero era frío, así que supe que era un plug. Notaba como
mi culo se abría, me quejaba y llegaban sus amenazas, seguía quejándome. Las bragas
mojadas de mi celo, fueron metidas en mi boca, una cinta de empaquetar ancha las mantenía
dentro, mis manos fueron atadas a los laterales de la cama y mis piernas a las patas, así
inmóvil y sin poder quejarme me preparé para que el plug abriera mi culo, fue su polla
la que
entró, el miedo que yo tenía de no poder dar la talla se
disipó, poco a poco fue entrando en mí, me hacía mucho daño, las lágrimas caían por
mis mejillas, era la única muestra que me permitía, la metió toda y se balanceó sobre
mí, entrando y saliendo, fue soltando mis amarres, las manos las piernas, me agarró del
pelo y me giró, dejándome arrodillada, quitó mi mordaza y metió la polla en mi boca,
noté mi propio sabor que me causó náuseas, pero no dejé de hacer mi cometido, solo
tenía que abrir la boca y sentir su presencia, su calor dentro, nada mas. La fusta cayó
sobre mis nalgas, a la vez que entraba y salía de mi boca, el culo me escocía cada vez
más, me gustaba cada vez más, sacó la polla de mi boca y se corrió sobre mi cara,
intentaba coger semen con mi lengua, pero con la vista velada me fue imposible, me cogió
en brazos, me depositó sobre la cama, quitó mis zapatos y mis medias y ato mis muñecas
a la cabecera. Con
una toalla húmeda retiro el semen de mi cara y frotó mi
coño, retirando el olor de puta en celo...........
Que felicidad, no quiero moverme, no quiero que despierte por mi culpa. Me dijo que hoy
iríamos a comprar zapatos y por fin podré verlo.
Empezó a escrutar la habitación, desde el ángulo que ella podía mirar. En la pared
opuesta había un escritorio de madera oscura, un sillón delante, ese debió ser en el
que se sentó, penso. Delante vio algo negro brillante, su pulso se aceleró, no era su
zapato, debía ser de él. Intentó incorporarse para verlo completamente, la fina piel
negra era una imagen tentadora, el coño de Elena comenzó a humedecerse. Su pensamiento
corría, no veía el día en que estaría delante de ellos arrodillada, lamiéndolos para
su
señor, esa imagen una y otra vez recreada llegaría pronto.
Ahora veía esos zapatos, reales, no como los había visto hasta ahora en sueños. Notaba
como se calentaba con ese pensamiento. Sin darse cuenta se movió, su respiración se
cortó, esperaba expectante la reacción, su Amo se giró un momento pero siguió dormido,
o por lo menos eso le parecía a ella.
Siguió escrutando la habitación, notaba la débil molestia de su culo, el cosquilleo
que sentía. Se sentía orgullosa de que su Amo lo hubiese usado,
de haber aguantado sin desmayarse, notando como entraba, como
conquistaba cada centímetro de su cuerpo para su placer, ese recuerdo le hacía sentirse
bien. Se dio cuenta que la cama tenía dosel, dos hermosas columnas de madera subían
hacia el techo, se vio atada en cruz, a merced y capricho de quien la tenía perdida.
Frotaba lentamente sus piernas intententando acariciarse, ya había intentado bajar las
manos y subir su cuerpo pero era imposible.
Junto al escritorio había una banqueta también de madera, de algo mas de un metro de
largo y casi medio metro de ancho, también se levantaba del suelo casi medio metro.
Pensó en un pedestal donde ser ofrecida para su
exposición y venta, o para ser atada a cuatro patas dejando
sus nalgas al aire para un buen castigo. La vejiga comenzaba a molestarle la sentía
llena, aguantaba, sabía aguantar y aprovechar el momento. Dio un respingo y se asustó
cuando una mano empezaba a penetrar entre sus piernas rumbo a su coño, su primera
reacción fue cerrarlas, cuando se dio cuenta que solo podría ser el, las abrió de
golpe, al máximo.
Recorrió la raja despacio, recreándose en el gesto. Una voz susurrada en su oído,
cierra los ojos. Orden que cumplió instintivamente. La putilla ya está caliente, no
espera a que su Amo se lo ordene, ella se excita y se calienta por su cuenta, como siempre
sin pensar en nadie, solo en ella misma. Se acuesta mojada, se levanta mojada, oliendo a
perra en
celo, que pensará el servicio el hotel cuando cambie las
sábanas. Todo esto lo escuchaba llena de rabia, de vergüenza, sintiendo como un dedo
masageaba su clítoris en círculos como a ella le gustaba. Sabía que no podía aguantar
mucho sin correrse, hacía lo imposible por poner la mente en blanco, cuanto más lo
intentaba, más sentía el efecto inverso.
Cogió su pierna de arriba y la subió hasta su pecho, ya sabía lo que le iba a hacer,
se arrodilló en su espalda, una rodilla entre sus dos piernas y la otra tras su culo, se
inclinó hacia adelante y la polla comenzó a entrar en su ano, no quiero una palabra, ni
un sonido de tu boca, tan solo gracias cuando termine, así la poseyó de nuevo entre
lágrimas de dolor y de felicidad.
Gracias.
Terminó, soltó las cadenas y en brazos la llevo al cuarto de baño. Recostó la
cabeza contra su pecho, poblado de pelo, quiso que ese momento durase siempre, acunada
entre sus fuertes brazos, protegida en su pecho.
Llegaron y la depositó de pie en la bañera.
- No te has corrido todavía verdad? Abre los ojos, así me veras, te vas a masturbar
en mi presencia. También se que tienes ganas de orinar, bastantes, así que cuando estés
a punto de correrte me pedirás permiso y te orinarás a la vez, notarás como el líquido
caliente recorre tus piernas, como te ensucias, a la vez que tu coño expulsa tus jugos de
puta.
Elena mantenía su mirada baja, no se atrevía a levantarla, era consciente del rubor
de su vergüenza, y todas las ganas que tenía de verlo las reprimía, no se atrevía, ya
habrá otro momento, comenzó a tocar el clítoris, sabía que al más mínimo roce se
correría.
- Mi Amo, por favor permita que esta puta se pueda correr, por favor permítame ya no
aguanto más.
- Córrete
Comenzó a emitir pequeños grititos, e intentaba orinar a la vez y el orgasmo se le
cortaba y seguía masajeando el clítoris, por fin consiguió unificar las dos cosas a la
vez y el orgasmo explotó, sus espasmos fueron grandes, el orgasmo largo e intenso. No
notó como unos brazos la rodeaban mientras duró, y el agua tibia comenzó a caer sobre
su cabeza y su espalda, apoyada contra la pared notó como sus piernas eran abiertas y
desde atrás la polla de su Amo comenzó a penetrar su coño, bajo el agua, su coño fue
de su Amo, duró una eternidad y volvió a correrse sin
prisas, las manos fuertes recorrían sus tetas se apoyaban en su caderas apretaban sus
nalgas.
Cuando terminó, la enjabonó, la aclaró y secó con dulzura. Ahora si lo había
mirado, suspiró, gratificada de la imagen que esperaba, de su amor, de un amor que sabía
que nunca sería de ella. Pero como el decía hay que vivir el momento. Se afeitó y
vistió.
- Te espero en el restaurante para desayunar. Te quiero sexy. Sobre la cama tienes la
ropa que vestirás. No tardes
- No mi Amo en seguida estaré.
Antes de salir, entró en el cuarto de baño y besó la mejilla de Elena, unas risitas
se le escaparon a ésta.
Texto republicado tal como se publicó en la Mazmorra original, con la firma de su autor. Ficción erótica entre personas adultas. Si eres el autor o su representante y quieres cambios o la retirada, dilo a un operador en el chat y se atiende sin discusión.